El Síndrome de ‘Une los puntos’

Teléfono escacharradoPedro, por teléfono, a su novia Eva:

– “¿Hola, ¿qué tal anoche?”

Eva:

– “Bien. Oye, ¿podemos quedar luego? Me gustaría contarte algo y no quiero hacerlo por teléfono”.

Cuando llegan a la cita, sin dar opción a que Eva le salude siquiera, Pedro le espeta:

-“Lo siento, pero no puedo perdonarte”-. Y se va.

Puede que Eva fuera a contarle algo a Pedro lo bastante importante para ella como para no hacerlo por teléfono (aunque no necesariamente fuera algo negativo); puede que ella misma pensara poner fin a la relación o que simplemente quisiera darle una sorpresa agradable. En cualquier caso, Pedro, con sus conjeturas, se hizo su composición y decidió pasar por encima de cualquier otra posibilidad, dando por cierta su teoría, al margen de los hechos.

La comunicación con los otros (aliñada con el aceite de nuestro diálogo interno) da como resultado, en numerosas ocasiones, una criatura que poco o nada tiene que ver con el mensaje original.  Además de la intromisión de la propia personalidad, la experiencia, el entorno… estas distorsiones del contenido suelen venir de la mano de un personaje responsable de muchos malentendidos y de los daños colaterales que conlleva: la SUPosición.

Jaleados por la soberbia y nuestras sólidas dotes adivinatorias, estamos seguros de que conocemos las intenciones del otro y su forma de pensar. Así, de un simple “Buenos días”, podemos llegar a extraer conclusiones que, despojadas del ruido profético, pueden resultar incluso paranoicas, según qué, quién y con qué intencionalidad lo haya expresado realmente.

Completar el mensaje del otro, en función de lo que se cuece en nuestro corazón y nuestro cerebro, es inevitable y necesario (si hubiera que explicarlo absolutamente todo… ¡Sería agotador!). Ya, desde bebés, nuestra incapacidad para comunicarnos usando las palabras, obliga a servirnos de la comunicación no verbal para entender y hacernos entender. Pero ese mecanismo de supervivencia, crece y en algunas situaciones degenera hasta una especie de Síndrome de Une los Puntos (SUP), donde el Frankenstein resultante puede llegar a obstaculizar seriamente la conexión con determinadas personas de nuestro entorno más próximo.

Con el SUP oímos, pero no escuchamos; seleccionamos todo o parte del mensaje que nos llega y proyectamos una escena, apoyándonos en lo que creemos que el otro insinúa, en lo que nosotros pensamos del otro y lo que imaginamos que piensa de nosotros.

Unimos los puntos, aunque dudemos. Nos cuesta un mundo hacer el ejercicio de preguntar al otro para asegurarnos de haber entendido bien y dejamos que nuestro lápiz interno deambule por el croquis de una plantilla prediseñada e incompleta a la que otorgamos el valor de la verdad.

Es por situaciones como esta, tan cotidiana y determinante a la vez, por lo que debemos trabajar y mejorar nuestras herramientas de Comunicación con los otros. Porque, independientemente de que la conversación sea entre una pareja de novios, con tu padre, con tu hermana, con tu socio, tu compañero o tu jefe, al final, si no hay verdadero entendimiento, tu vida es sensiblemente peor.

Cambiar el final de la historia, está en tu mano:

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