Señales de humo

Primero, desobedecieron mis manos: una apresó el cigarro y la otra el mechero. Ambos aguardaban su momento, agazapados hacía meses en el cajón de los cubiertos. Después, mi boca se sumó al motín, permitiendo que el pitillo enrojeciera y dando paso al placer intenso de la primera calada. Ahora, era la memoria quien me traicionaba al recordarme, no sin cierta nostalgia, la causa de mi primer Ducados: quería impresionar a David.

Miré alrededor, esperando alguna amonestación por quebrantar mi promesa antitabaco, pero nadie me regañó: las fotos de la estantería seguían escupiendo sonrisas mudas, recordándome que dentro no había nada, que mi vida se había esfumado con ellos en ese accidente.

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4 pensamientos en “Señales de humo

  1. Qué buen regalo a tus lectores para esta mañana de viernes. Quizá me repita pero, en esta blogosfera sobrecargada de egos y patadas en los riñones al idioma, es un placer encontrar “Tráfico de emociones”.

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