Eva en el bosque


El sueño (Gustav Klimt)

Era preciosa. Las pequeñas gotas que acariciaban sus estrías de un color plateado, casi blanquecino, la hacían parecer aún más bella. La hojita, ajena a su hermosura, besaba los pies de la joven, como tantas otras hermanas suyas lo hacían, a medida que ésta se abría paso entre el manto verde. La muchacha agasajada parecía no necesitar más para ser feliz. Como si caminar descalza sobre la suavidad del amanecer, fuese suficiente.

         A unos metros de distancia, Eva observaba perpleja el espectáculo. La chica del bosque se le parecía tanto… Pero no, nada que ver. Ella, en las mismas condiciones que su igual, sólo era capaz de percibir la humedad incómoda que el suelo sucio y la hojarasca inyectaban en sus pies descalzos.

         Sin más, y para su satisfacción, la imagen desapareció. Eva se decidió a avanzar. Le atraía la idea de pisar el escenario donde su fantasma había estado bailando.

         Pero, todos los esfuerzos fueron en vano, no lograba dar un solo paso. El más leve movimiento le suponía empeñar todas sus energías en realizarlo.

         En un intento desesperado por desplazarse, sintió cómo su cuerpo caía suave, lentamente, como si fuera una de las serviles hojas que antes abrazaban los pies de la idéntica desconocida.

         No luchó por levantarse, se abandonó gustosa al cálido y protector envoltorio natural que, ahora, la mimaba a ella.

         Abrió los ojos y ahí estaba su ídem, mirándola fijamente. En esta ocasión, era Eva la observada, aunque tampoco le importó. Le gustaba la forma en que esos ojos, tan familiares y desconocidos a la vez, la estaban analizando.

         Eva sintió que algo se movía en su interior. Quiso sonreír, pero, para su sorpresa, fue su clónica quien lo hizo. Entonces, quiso hablar, también sus pensamientos tomaron forma de voz en la garganta de ese extraño holograma idéntico a ella.

         _ ¿Quién eres tú?_  las palabras resonaron en su mente y en su cuerpo, y lo hicieron tantas veces, que acabaron por perder su significado.

         _ ¿Quién eres tú?, ¿quién eres tú?, ¿quién eres tú?… y dentro de las palabras ya no había nada, sólo un hueco silueteado por unas cuantas letras, unidas de modo aleatorio.

Alivio y decepción. Eso fue lo que sintió Eva al despertar. Alivio, porque el sueño en el que alguien se estaba apoderando de su ser era eso, sólo un sueño; y decepción, porque se había quedado con las ganas de saber más sobre ese personaje, misterioso y extraño que, aún siendo un fiel reflejo de sí misma, le resultaba tan magnético de puro desconocido.

La decepción dio paso a la incertidumbre. El bosque era tan grande… Si Eva reuniera de nuevo el valor suficiente para volver a entrar, aunque fuera en sueños, tampoco tendría garantías de hallarse de nuevo frente a su igual. Quizá esa era la solución, perderse para encontrarse.

 

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2 pensamientos en “Eva en el bosque

  1. Oye! no había visto este relato! Qué bueno! justo estos días estoy intentando recordar sueños para un relato de un taller…Y ahora me has dejado impactada, me encanta la frase final…”perderse para encontrarse” …Inspirador y casi podría decir que para mi si fue una solución…¿pero habrá otras menos inquietantes?
    Besos!

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