Instrucciones al dorso

Cuestión de perspectiva

Últimamente pareciera que nos hayamos quedado sin guías, como si hubiéramos descubierto que las líneas a seguir son meras plantillas, ajenas a nuestro relieve particular.

Es complicado mantener la serenidad, cuando todas las informaciones que nos llegan, desde fuera y desde dentro, apuntan al caos.

 

 

Quizá, si lográramos procurarnos un poco de silencio, seríamos capaces de salir a respirar. Abandonar de una vez el fondo y emerger al fin a la superficie.

La dificultad estriba en nuestra lucha por permanecer abajo, con la cabeza enterrada en la comodidad de las falsas certezas. Nos convencemos una y otra vez de que nada podemos hacer. La acción requiere energía y ahí donde estamos el oxígeno escasea, cada vez nos queda menos.

Entonces, acudimos a todo tipo de gurús, esperando que nos solucionen el problema, que nos enseñen a nadar entre sirenas-tiburón y otras especies engañosas.

Si los nuevos remedios no funcionan, siempre podremos decir que lo hemos intentado, aunque luego por la noche, en nuestro juicio diario, nos declaremos culpables de inacción.

En medio del desánimo, revolvemos en el cajón de los papeles. Los desperdigamos y los volvemos a amontonar; buscamos sin mirar, con la esperanza de haber guardado por ahí algún documento que nos salve y nos diga lo que hay que hacer.

Desconocemos, abrumados por tantos conocimientos, que llevamos la respuesta incorporada. Quizá sea tan sencillo como cambiar la perspectiva, darle la vuelta; pues a menudo, las instrucciones están al dorso.

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