Cuidado con la perra

Cuidao con la perra…

Si vivís en Gijón, o habéis paseado alguna vez por su casco histórico, lo más probable es que conozcáis la placa de la foto. Yo la descubrí, como casi todas las cosas que me hacen reflexionar, por casualidad, como si fueran ellas las que vinieran a mí (y me encanta que así sea, da sentido a mis pasos). Había más letreros, sobre todo de sidrerías (otro gran atractivo del Gijón playu), pero éste fue el que me encontró. Al descifrarlo, además de asignarle una historia imaginaria a la perra y a su dueña –lo mismo estoy equivocada, pero en mis pensamientos, la dueña es una mujer y no me pienso contradecir, que para eso ya está el resto del mundo-, recaí en lo mucho que nos cuesta salirnos de lo preestablecido.

Nuestra manera de dirigir el pensamiento me recuerda al modo en que sometían nuestra caligrafía, cuando éramos niños: los renglones, que apenas ocupaban en espacio real un 20% de la hoja, eran la ley. Salirse de ellos, suponía arriesgarse al manotazo, a la llamada de atención, a las burlas del resto. No es que el trazo irregular conllevase graves consecuencias, pero era molesto. ¿Por qué? “Porque eso es así y punto”.

De niños, aprendemos que salirse de la pauta nos relega ante los demás, salvo que algún Excelentísimo Mediocre o un  Muy Señor Nuestro nos dé permiso para salirnos; entonces, seremos genios contemporáneos (si no, tendremos que esperar a llevar muertos algún tiempo para que nos reconozcan una intención en nuestra obra, que en el mejor de los casos, ni siquiera pretendíamos; qué se le va a hacer). Hasta la música, algo que asociamos a un pensamiento creativo, si se quiere, más libre, se escribe en papel pautado.

Supongo que el orden es necesario, pero se me hace imposible entender en qué momento decidimos imponer el absurdo, creérnoslo, hacerlo nuestro hasta el punto de tener que advertir a la manera del peligro, algo inofensivo o incluso beneficioso.

Bueno, la saliva engrasa la lengua, que además de lamer, también ladra y, a veces, hasta muerde. Eso siempre molesta.

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4 pensamientos en “Cuidado con la perra

  1. Me ha encantao. El cartel, la perra, la reflexión. Lo que nos perdemos porque no nos deje la perra hecha unos zorros. Pero anda que hacer pensar a la gente un viernes por la tarde…

  2. ¡Muy bueno Susi! Desde pequeña siempre me ha gustado lo que se sale de la norma, no sé por qué, pero quizás por la valentía que se asocia a las personas que son capaces de plantar cara ante la mediocridad y a la vez comodidad de la mayoría. Y porque creo que todos tenemos algo de raro, de excéntricos o de creativos, pero nos automutilamos para que no nos señalen, para sentirnos a gusto entre la multitud, por nuestro deseo de pertenencia y aceptación. Ser o hacer algo diferente molesta mucho. Salirse del renglón, como tú dices, se suele pagar caro. Ser creativo está mal visto, ser bueno en algo o destacar… Menos mal que siempre queda algún loco que a pesar de todo garabatea donde y cómo le da la gana.

    Gracias por esta reflexión, ¡un abrazo!

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