La espera

La Espera

© La Espera (Badri Lomsianidze, 2007)

El lugar más triste del mundo. Eso era aquel cuarto, tan lleno y vacío a la vez. Nadia entró y, enseguida, se vio transportada a una fiesta en la que todos parecían divertirse, menos ella.

La habitación apenas dejaba espacio libre para airear sus emociones: dos camas, el armario, un tocador y poco más. Avanzar entre todo aquello resultaba difícil, casi imposible. Tanto trasto no mitigaba, en absoluto, el frío inhóspito de su mazmorra.

Optó por permanecer junto a la ventana, esperando tranquila el golpe de estado. Pronto llegaría un ejército de recuerdos, imponiéndose y sometiendo la voluntad de su memoria indefensa.

Aún sabiendo que aquello hacía daño, cada cierto tiempo, Nadia sentía la necesidad de pasar un rato allí, acurrucada entre las sábanas de su dolor; su viejo enemigo irrumpía siempre con tanta violencia, como la primera vez.

El sonido lejano de un teléfono trajo consigo promesas de bandera blanca.
No descolgaría, refugio o prisión, Nadia había elegido quedarse en el lugar más triste del mundo.

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