Habilidades, competencias y empleos fantasma

Habilidades y competencias

Be different, be yourself

Proliferan cantidad de post, artículos, vídeos, enlaces a Webs… que explican cómo tienen que ser los nuevos Currículums Vitae. Hay mucha variedad, pero con una sola consigna: la forma en que presentes tu experiencia es la clave para que el reclutante considere tu candidatura.

En todos esos buenos consejos y ejemplos creativísimos y originalísimos subyace la idea de que lo importante es llamar la atención de la persona/máquina que haga la criba. Entonces, ¿cuál es el objetivo de un CV: tener que demostrar lo chachi que eres o contar -es de suponer que con cierto sentido común- qué es lo que has hecho y para qué tareas te consideras capacitado?

Cae de cajón que los dos folios tristes y sin vida – mecanografiados al principio con la Olivetti 46 que había por casa-, que utilizábamos antes a modo de CV, ya no sirven. Entre otras cosas, porque hasta un correo electrónico sin pretensiones es ya más atractivo visualmente que aquel par de hojitas sobadas y llenas de formato-viñetas con que glosábamos nuestra formación, experiencia y otros datos de interés. Pero también porque entonces, la situación sociolaboral y económica era bien distinta a la de ahora.

No se puede tapar el sol con un dedo. Que una persona ponga toda la energía y los recursos a su alcance para salir adelante en un momento como el que estamos viviendo es la actitud esperable y autoexigible. Pero, de un tiempo a esta parte es como si fuera obligado que la gente sepa de diseño gráfico (varios programas, ¿eh?), aunque su formación no tenga nada que ver con ello; haya viajado por medio mundo colaborando con tres ONGs distintas; toque un instrumento cool (tipo saxo o ukelele) y tenga nociones de mandarín, entre el resto de sus habilidades y competencias para optar a un… ¿empleo?, ¿contrato? Considerar así a buena parte de las ofertas que deambulan por la red, sí que es echarle imaginación y creatividad al asunto.

Muchas de esas personas que están en ‘búsqueda activa/desesperada’ de empleo se han pasado los últimos años cumpliendo con un trabajo a tiempo completo, donde eso de las redes sociales ni se olía (entre otras cosas porque el acceso estaba capado en su oficina, al considerarse como ocio y no como herramienta de trabajo). Su trayectoria es la que es, porque su empleo era un empleo funcional, normalito, al igual que su sueldo, que seguramente no daba para grandes experiencias hippies, de esas que te abren la mente, pero requieren disponer de unos 2.000 eurillos por quincena.  Y sí, a sus jefes les parecía fenomenal que se siguieran formando, a ser posible fuera del horario de oficina (incluidas las horas extra) y con sus recursos, no con los de la empresa.

No todo el mundo se ha desarrollado en unas condiciones que le permitan ser protagonista en un episodio de “Españoles por el mundo” y a veces, da la sensación de que ese tipo de desempleados que describo no existe, cuando, aún sin tener ningún estudio que lo avale a mano, pienso que se trata de la mayoría de personas en paro.

Y no hablo de casos extremos (gente cercana a la jubilación que ha hecho el mismo trabajo durante toda su vida y de pronto se ha quedado en la calle), hablo de personas de nuestro entorno más cercano, de ti o de mí, gente cuyo tipo de vida era completamente ajena a esta vorágine de superhombres/mujeres orquesta de los social media e Internet y de los que de un día para otro se espera que tengan su “marca personal”, sean especialistas en algo y sepan diferenciarse del resto, a ser posible presentando un flashmob en el que uno cante, baile y demuestre lo buen fontanero que es. ¿Estamos tontos o qué?

Está claro que hay que reciclarse, no podemos quedarnos anclados en lo que nos funcionaba, cuando ya no nos funciona.  Pero ese reciclaje exige tiempo (para reubicarnos, trazar un plan de acción y llevarlo a cabo) y dinero (la formación cuesta, hacer networking también, y podemos seguir sumando gastos…).

Resulta injusto y absurdo pretender que ese proceso de cambio sea unilateral. Muchas de las empresas ya consolidadas que se permiten el lujo de exigir y exigir, no comprenden que su organización también forma parte de ese reciclaje, que para exigir, hay que estar a la altura de lo exigido.

Es incuestionable que, en tiempos no sólo de crisis sino también de bonanza, la creatividad es un valor clave en el modo en que nos las apañamos para salir adelante; pero creo que el concepto en sí y sus manifestaciones van mucho más allá de la originalidad artística de un CV, o de lo enriquecedoras que sean tus vivencias a la hora de plasmarlas en la correspondiente carta de presentación. Sí, hay algunos empleos que requieren algo de todo eso, y personas preparadas para ocuparlos, pero, ¿y el resto?

El resto a descubrir su pasión y a emprender, que en dos días, se monta una startup. Sólo hace falta una chispa de creatividad, tener tu marca personal y diferenciarte del resto, ¿no?  Por el dinero no te preocupes, que no hay.

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12 pensamientos en “Habilidades, competencias y empleos fantasma

  1. Comparto tu reflexión, y me ha gustado especialmente esa “bofetada” que lanzas a las empresas porque yo misma me pregunto muchas veces que están haciendo ellas para estar a la altura de los candidatos que exigen.

    Por otro lado se me ocurren miles de culpables que nos han impedido desarrollar más de una faceta a lo largo de nuestra vida, no nos han educado para el cambio más bien para ser todos iguales y seguir el mismo camino, y no es nada esperanzador ver como a mi hija de cuatro años la tienen todo el día haciendo “fichas” en el cole; también podemos culpar a las largas horas laborales de nuestros anteriores trabajos, que no nos permitieran crecer, formarnos y actualizarnos en todo aquellos que ahora nos hace tanta falta para luego decirnos que “tienen que prescindir de nuestros servicios”; podemos culpar al gobierno local, autonómico, nacional, europeo y al mismísimo papa; ¿nos sentimos mejor levantando el dedo acusador hacia aquellos que son culpables de nuestras dificultades actuales? yo no pienso dedicarles ni un segundo, que les den…ahora es mi momento.

    ¿y el vuestro?

    • Gracias por comentar, Nät! Estoy contigo en eso de que la culpa es un anestésico peligroso (lo de que el perro se ha comido mis deberes no arregla nada http://bit.ly/QBhegq). Se trata de asumir la responsabilidad, cada uno la nuestra. Pero, a veces, tengo la sensación de que es fácil caer el espejismo de las fórmulas mágicas, y precisamente gracias a haberme cruzado con profesionales como tú, que ponen el foco en preguntas importantes e indispensables para lograr un camino propio y elegido, es por lo que me parece importante señalar que no todo vale, y que el cambio no puede obrarse de manera unidireccional.

  2. Ángela me pasó el enlace al post. No te conocía de nada. Me puse a leerlo y creía que ibas a terminar con una receta mágica o quizás dos.

    Me sorprendió el final. El último párrafo. La última frase. Hace que todo el texto se convierta en una tormenta de ideas. Nada de cosas mascadas. El texto es para hacer pensar.

    Para reflexionar sobre si la marca personal es o no es la panacea.

    Para reflexionar si la búsqueda de trabajo la estamos haciendo en los lugares y los modos oportunos.

    Para hacer reflexionar a los que contratan si la fachada del currículum permite elegir al mejor de los candidatos.

    Para hacer reflexionar a los formadores si lo que demanda el mercado, es una exigencia o es una opción…

    Gracias por escribirlo, gracias por compartirlo.

  3. Como siempre, atinadísima. Me ha hecho gracia la reflexión sobre el Facebook y el Twitter capados en todas las oficinas (hasta anteayer) y que de repente pidan Community Managers saliendo de la nada.

  4. ¡Ay! le has dado en uno de los puntos muy claves…
    Sabes que yo siempre he sido muy inquieta, en casa siempre escuche que había que formarse continuamente y me abrieron los ojos a muchas cosas pero si te digo la verdad a veces pienso que la verdadera crisis está ahí ¿Cómo vamos a ser creativos u originales si nadie nos enseño a eso? Nos prepararon para ser igualitos, tener un trabajo normal, lo más cerca de casa, y ya puestos que sea comprada y así esperamos a que se pasen los años y ya está.
    No tengo nada en contra de quien elige esa vida por opción propia pero cuando nos la venden como lo mejor y luego nos quitan la alfombra de los pies a lo bestia…estamos como estamos hoy…
    Estoy muy de acuerdo contigo en que las empresas exigen pero no son nada críticas consigo mismas, pero ahí una vez más creo que somos nosotros quienes perdemos por tener demasiados miedos, no nos educaron, una vez más, para exigir y ser críticos si no para aceptar un sueldo y callar.

    Muy buena reflexión Susana, se quedará resonando en mis oídos todo el viaje de hoy!
    Besos!

    • Gracias, Ange! Como bien dices, no es cuestión de dogmatizar. Cada uno debe elegir su camino, con lo que tenga a mano, pero los cambios profundos no suceden de un día para otro y es el modo en que se están imponiendo y exigiendo.

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