Foursquare

Un político, una santa, un conde y un marqués son los ángeles custodios de esta fortaleza. Cuando visten de calle, se les conoce como Uría, Susana, Toreno y Santa Cruz.

Check in en el Campo San Francisco (Oviedo)

 ‘Check-in’ en el Campo San Francisco (Oviedo)

Árboles, fuentes, estatuas, animales, quioscos, bancos, biblioteca, juegos y personas constituyen el atrezzo y aderezan su guión, alternando papeles de extra y protagonista, según el día.

Son los habitantes de este bosque, una víctima de la máquina del tiempo. Parece estar atrapado en una época futura; como si arrastrara dos siglos de desfase.

El otoño es su estación natural y lo pinta de ocres, amarillos, marrones, verdes, algún azul eléctrico (que se pavonea, a sabiendas de que no acabará en ningún horno, aunque sea Navidad)… Son tonos desordenados, casi tanto como las visiones que se estampan en mis pupilas.  Me convierten en rehén de esa calma frenética y plomiza, y me impiden ordenar las ideas, no me dejan tomar nota.

Me libero fijando la mirada ante una escultura, tan quieta que transmite vida. Sus ojos humanos y su postura incómoda me dicen que me largue, que necesita rascarse y que para eso yo no debo estar ahí mirando. Y no es que sea pudorosa (para el mes en que estamos, va bastante ligerita de ropa), es que si la veo moverse, pierde el juego, el juego de las estatuas.

En el estanque, nadan los patos, cansados ya de representar ‘El Charco de los Tristes’. Odian nadar entre la mierda que les tiran. Algunos parecen drogados y deduzco que el hastío, las palomas, los niños y los gamberretes de turno les han arrastrado a la mala vida, se han hecho amigos de los yonquis y hasta mantienen charlas animales, de pato a camello.

Los pavos, en cambio, son la reencarnación de las ratas de iglesia que dibujaba Clarín en La Regenta. Tan dignas, tan de derechas, tan de la nobleza y el rancio abolengo.

Pero, para clases, las de los árboles. Pierdo la cuenta de tantas sabias razas con savia, como hay. Disimulo, pero sé que con el viento de su parte, se las han arreglado para mirar todos hacia mí. Murmuran en lo alto, oigo el cuchicheo de sus ramas, aunque no logro descifrar lo que dicen. Me han descubierto; saben que he venido de inspección. Quizá se sientan observados; seguro que no tanto como yo.

Me detengo en la biblioteca: es de nube, vainilla y caramelo; esa explosión naïf rompe la estampa sin contemplaciones, rasgando la capa adusta y gris del pavimento señorial. Pienso en Hansel y Gretel, ¿le hincarían el diente? No, aquí no les espera ninguna bruja. Y si lo hiciera, estaría escondida tras la mesa de devoluciones. Llevaría gafas y su nariz sería chata, ¿operada? Nada que ver con la que imaginaron los Green.

El cielo se pone chulo, amenazador; como si no quisiera que me acercara a la fuente: – ¿Quieres ver agua? Pues tranquila, que la verás…, me susurra el cortejo de nubes. No hago caso, me acerco a lo que se me antoja la versión zombie de un extraño oasis. Algunas hojas muertas flotan en él y la lluvia anunciada, intenta reanimarlas a gotazos, a modo de improvisado desfibrilador.

No he traído paraguas y el campo, el parque, el bosque de San Paco me dice, llorando a traición: “Vuelva usted mañana”.

            

Anuncios

2 pensamientos en “Foursquare

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s