Piel sintética

'Mujer ante el Espejo'. (P. Picasso)

‘Mujer ante el Espejo’. (P. Picasso)

Esta mañana, al salir de la ducha, limpié el vaho del espejo y me quedé clavada en mi propia imagen. No me reconocí en esas facciones, ni tampoco en la expresión de mis ojos.  Me ocurrió, como cuando repites varias veces una palabra y, de pronto, deja de tener significado, para convertirse en un amasijo de letras, sin más.

Estamos tan acostumbrados a ver nuestro reflejo, sin detenernos a mirarlo, que el resultado puede dejarnos en shock. No por lo feos o envejecidos; no me refiero al examen estético (ese territorio lo tenemos bien explorado y sabemos dónde falta o dónde sobra), sino por el desconocimiento ante lo que cuenta nuestra piel; el semblante en que al fin reparamos y que ella nos devuelve, tras años de caso omiso.

Si te paras a pensar en tus gestos cotidianos, quizá caigas en la cuenta de lo poco que nos relacionamos a alma descubierta. Nuestro rostro se encuentra con otros y la interacción es, a menudo, de cartón piedra.

–         Hola, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo te va?

Le damos al botón de respuesta estándar y, sin saber muy bien cómo… ¡voilà!: aparece ese “Bien” descafeinado, que complementamos con una sonrisa, a modo de edulcorante.

Esas caras conocidas no nos llegan, nos quedan tan lejanas como sus preguntas; y en esa paradoja absurda del preguntar sin querer saber, nuestras respuestas vacías cierran el círculo.

Nos comportamos como turistas (quizá inmigrantes) en un país de cuya lengua apenas manejamos dos o tres expresiones para desenvolvernos: preguntar por tal o cual plaza, pedir un bocadillo, coger el metro… Así, damos el pésame, los buenos días, la enhorabuena, una disculpa o la propuesta de quedar para tomar un café que nunca llega. Y el resto, se queda oculto, encerrado tras la barrera de los convencionalismos.

Ese cúmulo de huéspedes, las respuestas desnudas que no mostramos, buscan acomodo ahí adentro; cambian nuestro paisaje interior hasta que la erosión sale a la luz e impone su faz en el espejo, echando por tierra el falso patrón con que a diario confeccionamos nuestro envoltorio, la piel sintética. 

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2 pensamientos en “Piel sintética

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