Banco de niebla

Hay temporadas en las que por mucho que uno se empeñe en objetivar su situación, no logra ver más allá de del túnel. Resulta complicado mantener la serenidad después de un tiempo en que, a pesar del esfuerzo sostenido, nada parece mejorar. Es entonces cuando aparece un problema mucho más serio que cualquier circunstancia: la falta de energía.  Este virus nos paraliza y nos sitia, colocando paredes de niebla a nuestro alrededor. No son nada, sólo aire y vapor de agua, pero nos impiden ver más allá de su aspecto fantasmal.

Hasegawa Tohaku (1539-1610) - Biombos con pinos entre niebla. Museo Nacional de Tokio.

Biombos con pinos entre niebla. (Hasegawa Tohaku)

Cuando bajamos la guardia, los espectros atacan, toman como rehén a nuestra mente y se hacen con el control. Ella es la nave nodriza, la reina, la jefa. Nosotros, los tripulantes que, como buenos súbditos, como malos empleados, no solemos cuestionar sus normas.

El efecto de la niebla es sutil, casi imperceptible. Camufla sus malas artes en forma de pensamientos automáticos, órdenes que “vienen de arriba”. En ellos anidan el miedo, los reproches, la inseguridad, las malas experiencias y un sinfín de agentes entregados a la causa del “Yo no puedo, yo no debo”. 

Seducido por las promesas de una aparente zona de confort, nuestro cerebro se deja sobornar, claudica y adopta un liderazgo paternalista: “Yo te cuido, tú obedeces”.

Al amparo del viejo dogma: “Esto siempre fue así y así debe seguir siendo”, corremos el riesgo de quedarnos atrás, al fondo, debajo; esperando en silencio el regreso de un sol, en paradero desconocido.

El error es la espera. Nunca nos sentimos preparados para la gran revolución; ignoramos que no es necesaria. Basta con pequeñas revueltas, lluvia fina; gotas de acción que nos devuelvan, poco a poco, el mando, hasta que la niebla se ahogue en su propia estrategia.

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6 pensamientos en “Banco de niebla

  1. La verdad es que muy pocas veces nos permitimos parar, incluso aunque la niebla no nos deje ver, pero y si fuéramos capaces de hacer un alto en el camino? Con calma y aceptando que ni vemos, ni tenemos respuestas, ni la obligación de tenerlas…sin ofrecer resistencia…
    Muy buena reflexión y si hay niebla simplemente dejemos que se vaya…beso apretaoo

  2. somos difíciles las personas, yo alguna vez creo que soy dos personas, o seis, o cientos separadas por paredes de niebla. opaco a mi mismo, cada alma escapa en una dirección.
    en ese punto intento llevarlas a todas hacia un mismo lugar, como decía sampedro crecer como personas, y si no puedo las dejo escapar sin resistencia me vacío, intento crecer como espíritu al vaciarme.
    buena reflexión susana.

  3. como siempre, magistral, Susana.
    “Lo hago mío” para transmitírselo a mis viejecitos con demencia que están perdiendo la esperanza. (A los “inconscientes” no les hace falta, son unos supervivientes!).
    Gracias de nuevo.

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