Comunico, luego… ¿existo?

Hombre invisible, hablando por teléfono

Hombre invisible, hablando por teléfono.

Toda empresa, sea grande o pequeña, necesita una estrategia de Comunicación para hacerse visible. Esa visibilidad no pasa necesariamente por aparecer en un cartel de letras luminosas en mitad de la autopista, sino que debe tener un sentido, una estrategia adecuada a los objetivos de la empresa.

Ésta fue una de las conclusiones de la charla sobre Comunicación aplicada al mundo empresarial, que la periodista Patricia del Cueto impartió este miércoles en LabRevolución, como aperitivo a la firma de un convenio de colaboración entre AECOP Asturias y AEDIPE Asturias.

Confeccionar un plan de comunicación adecuado a las necesidades de cada entidad empresarial pasa por atender cuidadosamente, no sólo la presencia en medios de comunicación o en las ya imprescindibles redes sociales, sino también la Comunicación Interna: tus empleados y su entorno más cercano son, aunque pueda parecer paradójico, tus clientes más inmediatos. Desde luego, son los que más hablarán de tu empresa (es su pan de cada día) y por ello, un flujo bien asentado de comunicación bidireccional entre la dirección y el resto de áreas o departamentos resulta clave para que tu imagen y tu reputación sean coherentes entre sí y lo más positivas posible.

En cuanto a la Comunicación Externa, la planificación debe responder a las siguientes cuestiones:

  • Análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades): ¿En qué posición me encuentro?
  •  Público Objetivo: ¿A quién quiero que llegue mi mensaje?
  •  Objetivos de comunicación: Aumento de ventas, mejora de posicionamiento en el mercado, visibilidad…¿Qué quiero conseguir?
  •  Plazo de consecución de objetivos. ¿En cuánto tiempo?
  •  ¿Con qué recursos cuento? Materiales y humanos.

Lo aquí expuesto se trata de un esbozo. Cualquier profesional de la Comunicación sabe que elaborar la estrategia adecuada no es cuestión de dos tardes. Requiere de una experiencia y formación determinadas y, ya sobre el terreno, dedicación plena. Esta circunstancia fue otro de los aspectos que se derivaron de la charla, puesto que es habitual (aunque, por fortuna, cada vez menos), tal y como argumento en este post sobre los emprendedores orquesta, que algo tan valioso como la gestión de la Comunicación en una empresa, recaiga sobre perfiles profesionales que ni saben ni tiene por qué saber de Comunicación.

En cualquier caso, las empresas (o quizá debería decir, las personas que las hacen posible) son cada vez más conscientes de que la Comunicación es un factor clave en su actividad.

Es imposible no comunicar, la inacción también comunica, y mucho. Pero eso no implica que los demás nos perciban como nos gustaría. Es más, puede que ni se hayan percatado de nuestra existencia.

Y tu empresa, ¿cómo se comunica?

Anuncios

El ataque de los muñecos parlantes

Esta mañana me ha llamado una amiga, muy agobiada por tener que sustituir a su jefe en una presentación pública sobre la actividad de su empresa. Le pregunté cuál era el problema. En seguida la comprendí: la exposición es mañana y todo el material de que dispone es un documento en Power Point reciclado de años anteriores, lleno de gráficas y estadísticas ininteligibles. El único consejo que he podido darle es que intente humanizar la información al máximo posible y empatizar, utilizando para ello todos los recursos a su alcance, con su público.

A tenor del caso de mi amiga, aprovecho para compartir con vosotros un artículo que publiqué en EspaciosBlog sobre la importancia de la audiencia, como elemento clave, a la hora de elaborar y realizar una presentación, sea ésta del tipo que sea.

Imagen de la película 'Dead of Night'

Imagen de la película ‘Dead of Night’.

En nuestro día a día, surgen continuas ocasiones para hablar en público. Es algo, para lo que, en general, no nos sentimos conscientemente preparados y a menudo, nos aterra la idea de ponernos ante un auditorio, sea grande o pequeño. De sólo pensarlo, nos entra el tembleque, sudores fríos, angustia que se manifiesta como un puñetazo en la boca del estómago… Si pudiéramos, venderíamos nuestra alma al diablo para evitar pasar el trago… ¿Te suena esta sensación?

Da igual cuál sea el contexto: un examen oral; una charla; una presentación para los jefes de tu empresa o un posible cliente; un discurso de cierre o apertura en una ceremonia… En realidad, si te paras a pensar, cada día nos exponemos hablando ante los demás, aunque sea para pedir una barra de pan en la tienda de la esquina.

Bien, puede que sientas mucha ansiedad antes, durante y después de hacer tu intervención, pero eso no te va a librar de ella; así que, no malgastes tu energía, recreándote en tus inseguridades e inviértela en preparar una presentación que tenga sentido para ti, pero sobre todo para tu audiencia (esté formada por cuatro o por cuatrocientas personas).

Respetar al respetable

Al igual que se nos presentan multitud de ocasiones para hablar ante otros, tenemos aún más experiencia del otro lado, como público. Ése es el rol más importante a tener en cuenta para preparar una exposición que sirva de algo, más allá de rellenar, como sea, tu tiempo de intervención.

Haz memoria y piensa en las últimas presentaciones a las que has asistido como público. Habrá algunas que te habrán gustado y otras en las que has aguantado en la sala hasta el final, porque no te quedaba más remedio o porque no elegiste el asiento del pasillo y te daba corte levantar a toda la fila para poder huir de allí.

De las que te hayan gustado, ¿qué es lo que mantuvo tu atención? ¿Qué pensabas de esa persona mientras hablaba? Seguro que no se te pasó por la cabeza ninguno de los juicios a los que te sometes a ti mismo, cuando te imaginas hablando en público. Incluso, aunque el ponente sufriera un percance (como darse cuenta de que lleva la bragueta abierta), si era un buen orador, habrá sabido utilizarlo para conectar aún más con su público, ya que algo así le puede pasar a cualquiera. La debilidad nos hace humanos, nos acerca a los otros, genera confianza, nos iguala.

Y ahora, haz el ejercicio contrario. Piensa en esa presentación en la que, a pesar de lo prometedor o relevante del tema, resultó tediosa e interminable. En esa ocasión, en que te has sentido atrapado en el bucle de un Power Point imposible, lleno de gráficas y diagramas ininteligibles o fuera de contexto. Todo ello aderezado con la monótona explicación que emergía de la boca de un muñeco parlante, cuyas pilas parecían no agotarse nunca. En estos casos, sales de la charla con la sensación de que te han tomado el pelo. Has malgastado tu tiempo, tu dinero o, a lo peor, las dos cosas.

En ambas situaciones, la clave reside en cómo el ponente conecta con su público. No es tanto, dominar a la perfección el arte de la oratoria, como de conocer mínimamente al otro y ponerse en su lugar.

Hay otros muchos factores a tener en cuenta a la hora de preparar una charla que no se convierta en una tortura, pero mostrar consideración hacia tu audiencia, es la mejor garantía de que tu propuesta llegará, será comprendida y aportará algún valor. De ese modo, tu tiempo, nervios y esfuerzo habrán servido para algo más que para convertirte en protagonista de un nuevo episodio del terrible ataque de los muñecos parlantes.

Mi perfil bueno

Avatares de perfil

Nuevos perfiles

Hace ya 13 años que me licencié en Periodismo. Desde entonces (en realidad, desde antes incluso de concluir mis estudios), siempre he trabajado en el ámbito de la Comunicación y, en ese contexto, jamás me han servido de nada las materias que incluía el plan de estudios.

No me parece tanto una cuestión de haber estudiado en una facultad mejor o peor; sencillamente, la realidad laboral relacionada con el periodismo no tenía ni tiene nada que ver con los contenidos que veíamos en clase.

Durante estos años, para acceder a un empleo, daba igual cuánto supieras realmente sobre la profesión; cumplías con el requisito de estar licenciado y, de demostrar si valías o no, ya se encargaría la experiencia y el modo en que resolvieras los distintos retos que te fueras encontrando.

Llegó la CRISIS y con ella el momento de pararse a pensar en qué punto profesional me encontraba y hacia dónde quería/debía/podía seguir. Y los tres verbos: querer, deber y poder, se las traen, a la hora de elaborar un plan de acción.

Las cosas del ‘Querer’: es muy bonito sentir que puedes hacer lo que quieras, pero para eso, primero has de saber qué quieres, y eso, amigos, no es tan sencillo como parece. En mi caso, que además soy pura dispersión (los lunes tengo un objetivo, los miércoles otro y el domingo vuelvo a empezar), esta dificultad se acentúa.

El ‘Deber’ te llama: parece que entrevés adónde quieres encaminar tus pasos, pero después de años de vocaciones y talento silenciados por la inercia del “trabajar de lo que has estudiado”, retomar esas actividades con las que sientes que estás jugando, más que trabajando, da mucho vértigo y requiere tiempo (y a veces, dinero). Por mucho talento que tengas, para ser bueno en algo necesitas entrenarlo, mimarlo, y aún así nadie te libra del fantasma de la mediocridad: “Vale, tiro por aquí, pero… ¿y si no soy buena?”. Y empiezas a agobiarte, porque el tiempo pasa y no ves resultados, así que te dices: “Bien, dejémonos de sueños y pamplinas y centrémonos en las opciones reales de empleo que tengo, en base a mi experiencia y mi formación”. Y ahí está el ‘Deber’, llamándote para que no te conviertas en una oveja descarriada y vuelvas a tu estatus de empleada “como Dios manda”.

Deber no es ‘Poder’: revisadas las opciones de reengancharte por el camino marcado; analizas lo que traes de casa y lo que te falta para adaptar tu perfil a las necesidades del mercado. Te reciclas, te pones al día como puedes, pero, aunque tengas un máster de lo tuyo y 20 ‘cursillos’ que giran en torno a tu actividad profesional, te das cuenta de que te faltan manos. En un año, no puedes convertirte en un Community Manager con tres de experiencia para una o varias marcas; ser experto en SEO; tener soltura en diversos programas de diseño gráfico; dos idiomas (que manejes siquiera el tuyo sin faltas de ortografía, es lo de menos, eso no importa) y… podría seguir, pero creo que todos sabéis a qué me refiero.

Llegados a este punto, no queda otra que volver al principio y seguir trabajando en el ‘Querer’; olvidarse de las buenas notas de la facultad, que te hacían sentir importante y te daban la certeza de que estabas preparada para comerte el mundo, al salir de allí; olvidarse de alcanzar el ‘perfil bueno’; ése tan absurdo e inabarcable que se pide en buena parte las ofertas de empleo, pero que a la postre, las empresas ni quieren ni necesitan; olvidarse de lo malo conocido y centrarse en lo nuevo por conocer, aunque haya que inventarlo. 

Llévate a tu Hemingway contigo

Conversando con Hemingway

Conversando con Hemingway

Esta mañana, he llegado por casualidad a un texto que me ha reconciliado con un personaje del pasado y también con una parte esencial de mí misma.

Rosa, una niña del cole un tanto problemática (con el tiempo comprendí que cualquiera en sus circunstancias hubiera sido “problemático”), la tomó conmigo durante sexto curso. Un día nos medio peleamos y, tras un leve forcejeo, le pregunté por qué la tenía tomada conmigo. Me contestó que le caía mal porque hablaba como una persona mayor. No entendí qué quería decir con eso, pero desde esa tarde, empecé a sentirme incómoda con mi forma de expresarme.

Mentiría si dijera que me volví una niña tímida y reservada, porque casi todas las veces que me castigaban o me llamaban la atención, era por hablar. Pero aún hoy, en situaciones de barullo social, en las que toca hablar por hablar con personas que apenas conozco, me siento temerosa de resultar repipi en mi lenguaje, lo cual me lleva a interactuar menos de lo que me gustaría o a impostar un poco mi discurso, no vaya a ser que alguien me rechace por “hablar como una persona mayor”.  

Y ha tenido que llegar este texto para darme una respuesta, pero sobre todo, la aceptación y el orgullo de ser como soy.

Hablo como una persona mayor, desde niña, porque me gusta escribir y para escribir hay que conocer y saber usar las palabras, y para conocer y saber usar las palabras hay que leer.

Hablo como una persona mayor, desde niña, porque, de no haberlo hecho, me habría convertido en una persona menor. 

Os dejo el texto de Charles Warnke. Algunos, seguro que ya lo conocéis. A los que no, yo creo que os gustará:  Sal con una chica que no lee 

 

 

Conjunto vacío

Conjunto vacío

La fórmula del conjunto vacío

Nunca se me han dado bien las matemáticas (creo). Me cuesta abstraerme, sin una historia o algún referente en mi imaginación al que asociar el problema o la incógnita a resolver.

Al principio era fácil, las manzanas y naranjas, los patos y los pollos, los trenes que salían a distintas horas de distintos sitios… Pero luego, la materia se complicaba en dibujos raros y conceptos ajenos (al menos en apariencia), muy alejados de las cosas que para mí tenían sentido o que -precisamente por no tenerlo- me generaban alguna inquietud.

Encontraba en aquellas operaciones, llenas de paréntesis, llaves y otros signos, algo perverso. Me afanaba en comprenderlo y, cuando al fin hallaba el resultado… ¿correcto?, no sentía la más mínima satisfacción. Más bien al contrario, era como esforzarse para alimentar a la nada.

Igual que hacemos ahora. Estamos enfrascados en la búsqueda permanente de un determinado estatus, como si lograrlo fuera la clave para resolver nuestros problemas, aún por identificar.

Llegar a la solución es fácil (al menos en apariencia), sólo tienes que atender en clase, estudiar y aplicar las fórmulas del libro; llegas a casa con la intención de hacer tus deberes, ser una alumna aplicada, pero, al abrir el manual, se desvanece la magia. Sólo aparecen números, dibujos técnicos, instrucciones para llegar a ser una mueca sonriente, tan plana y acartonada como los personajes de una mala serie.

Buscas ayuda, alguien que haya pasado de curso y te explique su método para poder aplicarlo tú también y llegar, aunque sea, al aprobado. Pero no hay forma humana de conseguirlo. Quizá por eso terminamos convertidos en otra cosa; zombies del revés, con los jirones y mordiscos ocultos bajo la vida aparente; vivos murientes, en busca de su ración de carnaza Disney.

Aunque no sirva, nos aferramos al paradigma impostado. Nos aterra la idea de abrir los ojos y descubrir que fuera de nuestros cálculos y teoremas, de esa realidad proyectada sólo queda lo inevitable: el cambio permanente, la vida misma; un conjunto vacío que envuelve nuestro tiempo y espacio, en perpetua espera de ocupación.

Canción imposible

Ayer, hablando con una amiga sobre un proyecto empresarial que le habían propuesto y al que inicialmente se había sumado, me comentaba que la idea empezaba a hacer aguas: se estaban realizando un montón de acciones, de cara a promocionar la iniciativa, pero sin ningún tipo de planificación, pues ni siquiera se había hecho el ejercicio de pararse a pensar en el público objetivo de sus servicios. Después de un año, el proyecto había encallado.

Reflexionando sobre ello, me parece oportuno recuperar una entrada que escribí para EspaciosBlog sobre la importancia de tener una adecuada estrategia de Comunicación, y contar con alguien que sepa implementarla, si realmente quieres hacer de tu idea una marca potencialmente rentable; que llegue más allá de tus amigos y conocidos.

 papel pautado

En un contexto en el que la iniciativa emprendedora está en plena eclosión, observo admirada la cantidad de organismos y entidades varias que te lo ponen fácil para convertir tu idea en un negocio. Una de las áreas de ayuda tiene que ver con el papeleo. En este caso, me refiero a la elaboración del denominado Plan de Empresa: ese documento indispensable para que la cosa arranque; el DNI que certifica que tu novedosa idea es más que eso: una realidad con visos de prosperar y generar algún valor a corto-medio plazo.

Pues bien, hace unas semanas, en el contexto de unas jornadas sobre emprendeduría, se me ocurrió preguntar si alguna de las entidades facilitadoras allí presentes, ofrecía también asesoría en materia de Comunicación Estratégica. La respuesta fue que sí, que el impreso del Plan de Empresa que ellos ayudaban a cumplimentar, ya tenía un apartado en el que se contemplaba “eso” del Plan de Marketing.

Así que, movida por la curiosidad, cuando llegué a casa, busqué un modelo estándar de Plan de Empresa y accedí al que facilita el Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Respecto al Plan de Marketing y Comunicación, la herramienta habla de tener en cuenta varios aspectos:

  • Estrategia de precios
  • Política de ventas
  • Promoción y Publicidad
  • Canales de distribución
  • Servicio postventa y garantía

Pero, más allá de establecer las definiciones de cada punto, no dice mucho más. Y lo siento: sobre el terreno, con eso no basta. El plan de Comunicación es uno de los factores clave del éxito o fracaso de cualquier producto/marca o idea que pretendas rentabilizar.

Puedes tener la mejor idea del mundo y saber llevarla a cabo en forma de empresa, pero si no te tomas la molestia de contar con una estrategia de comunicación adecuada a las necesidades de tu proyecto, más pronto que tarde, éste languidecerá. 

El reparto de roles y una adecuada estimación de los recursos mínimos necesarios para que el proyecto pueda caminar es fundamental. Pero, independientemente de lo bien redactado que esté el Plan de Empresa, la realidad se encargará de echarlo por tierra una y mil veces.  Da igual la parte que asuma cada quien: sobre todo al principio, habrá que echar horas, como si no hubiera mañana; y convertirse en el hombre/mujer orquesta, asumiendo tareas que escapan a tus conocimiento y habilidades, sólo te llevará a descuidar las áreas en las que realmente eres competente y a perder de vista los objetivos empresariales o las razones por las cuales te embarcaste en el proyecto. 

Vale, lo habitual es que una pyme o una micropyme arranque, en la mayoría de los casos, con pocos (o menos pocos) recursos; y que lo mismo te toca hablar con los clientes, que alicatar el baño, arreglar enchufes y pintar el local. Pero la Comunicación de tu empresa no es un asunto menor, y descuidarlo o realizar acciones al tuntún, sin una mínima estrategia, puede salirte más caro de lo que imaginas.

Hacer ruido o comunicar con estrategia

Hombre Orquesta

El hombre orquesta y su canción

Pese al convencimiento del sector empresarial más conservador, de Comunicación NO todo el mundo sabe (ni tiene por qué saber).

Elaborar e implementar una estrategia de Comunicación no se resuelve en dos tardes, ni (como escuché perpleja, en esa misma jornada de emprendedores, de boca de un señor que vendía dominios Web) basta con dedicarle una hora a la semana.

Una cosa es Comunicar (que eso lo hacen hasta las piedras) y otra planificar una estrategia con unos objetivos, un plazo y unas acciones claras encaminadas a conseguirlos, y luego llevarla a cabo.

Cumplimentar unos apartados genéricos en un documento como el Plan de Empresa o abrir un perfil en todas las redes sociales habidas y por haber no supone tener un Plan de Comunicación. Hay que elegir con criterio los canales adecuados, nutrirlos a menudo con contenidos de calidad (los originales hay que crearlos y los compartidos hay que seleccionarlos y usarlos cuidadosamente) que supongan algún valor añadido para el usuario de tu marca o producto. Implica conocer y poner en práctica los mecanismos adecuados para que las acciones previstas se traduzcan, a corto o medio plazo, en un aumento de ventas, un mejor posicionamiento, la fidelización de tus clientes o cualquier otro resultado alcanzable en relación a la estrategia marcada.

Y eso, por mucho que alguien se empeñe, no se consigue a ratitos, entre jornada y jornada de diez horas o a última hora de uno de los muchos domingos que tendrás que trabajar, para sacar adelante tu proyecto.

Si, como pyme o micropyme recién estrenada no te puedes permitir contratar a nadie que gestione la Estrategia de Comunicación de tu iniciativa, existen otras posibilidades de cubrir esa necesidad sin que ello te suponga un desembolso económico, como por ejemplo el trueque empresarial. El intercambio de servicios profesionales, además de abaratar costes es una buena manera de hacer networking y por tanto aumentar las posibilidades de llegar a un mayor número de clientes potenciales.

Una empresa viene a ser como una especie de orquesta. Necesita rodearse de músicos que ejecuten su parte en coordinación con el resto del equipo y bajo la batuta adecuada.  La melodía resultante es la canción que escucharán tus clientes, lo que oyen de ti, el modo en que Comunicas. No hay canción que pueda sonar bien, sin una partitura previa y con los músicos tocando indistintamente y a la vez cualquier instrumento, aunque no sepan cómo. Sonido, salir saldrá, pero no será música, sino ruido.