Conjunto vacío

Conjunto vacío

La fórmula del conjunto vacío

Nunca se me han dado bien las matemáticas (creo). Me cuesta abstraerme, sin una historia o algún referente en mi imaginación al que asociar el problema o la incógnita a resolver.

Al principio era fácil, las manzanas y naranjas, los patos y los pollos, los trenes que salían a distintas horas de distintos sitios… Pero luego, la materia se complicaba en dibujos raros y conceptos ajenos (al menos en apariencia), muy alejados de las cosas que para mí tenían sentido o que -precisamente por no tenerlo- me generaban alguna inquietud.

Encontraba en aquellas operaciones, llenas de paréntesis, llaves y otros signos, algo perverso. Me afanaba en comprenderlo y, cuando al fin hallaba el resultado… ¿correcto?, no sentía la más mínima satisfacción. Más bien al contrario, era como esforzarse para alimentar a la nada.

Igual que hacemos ahora. Estamos enfrascados en la búsqueda permanente de un determinado estatus, como si lograrlo fuera la clave para resolver nuestros problemas, aún por identificar.

Llegar a la solución es fácil (al menos en apariencia), sólo tienes que atender en clase, estudiar y aplicar las fórmulas del libro; llegas a casa con la intención de hacer tus deberes, ser una alumna aplicada, pero, al abrir el manual, se desvanece la magia. Sólo aparecen números, dibujos técnicos, instrucciones para llegar a ser una mueca sonriente, tan plana y acartonada como los personajes de una mala serie.

Buscas ayuda, alguien que haya pasado de curso y te explique su método para poder aplicarlo tú también y llegar, aunque sea, al aprobado. Pero no hay forma humana de conseguirlo. Quizá por eso terminamos convertidos en otra cosa; zombies del revés, con los jirones y mordiscos ocultos bajo la vida aparente; vivos murientes, en busca de su ración de carnaza Disney.

Aunque no sirva, nos aferramos al paradigma impostado. Nos aterra la idea de abrir los ojos y descubrir que fuera de nuestros cálculos y teoremas, de esa realidad proyectada sólo queda lo inevitable: el cambio permanente, la vida misma; un conjunto vacío que envuelve nuestro tiempo y espacio, en perpetua espera de ocupación.

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2 pensamientos en “Conjunto vacío

  1. Yo fui de letras mixtas… por aquello de saber algo más de matemáticas… (y sentí, siento, algo parecido). Un aburrimiento en conflicto con esa obligación mental del: “pero si son útiles, mujer”, que me imponía su estudio. (Sigo pensando que hubiera sido bueno apreciarlas más, no sé, como algo pendiente).
    Y sí, es como la también obligación “moral” de “ser alguien”. Monótona, repetida, … como las matemáticas.
    (qué buena también esta entrada; Susana, me libero de mis fantasmas… gracias una vez más).

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