Que el gesto no llegue a la cara

Ayer estuve con una buena amiga y durante nuestra charla, surgió el tema de cómo disimular, por ejemplo en esos casos en los que alguien (con todo su cariño y su buena intención) te hace un regalo que te espanta. El resultado suele ser una mezcla entre la decepción, por el desatino del ‘regalador’ y la desesperación, por hacerle ver que valoras y agradeces el detalle, aunque te horrorice. La conclusión de mi amiga para estos casos es, según sus palabras, que “lo importante es que el gesto no te llegue a la cara”. Vaya, que tengas el autocontrol suficiente como para no permitir que lo que sientes, se refleje en tu expresión.

La expresión facial de la Mona Lisa, todo un enigma.

La expresión facial de la Mona Lisa, todo un enigma.

Ojalá fuera tan sencillo, ¿verdad? Pero la Comunicación es algo tan complejo y maravilloso, que requiere toda una vida llegar a entender mínimamente el modo en que nos relacionamos. 

Habida cuenta de esta anécdota, me apetece compartir con vosotros un artículo que escribí para EspaciosBlog.com sobre lo mucho que expresamos sin palabras y lo mucho que puede ayudarnos en nuestra relación con los demás, conocer (aunque sea un poquito) lo que expresamos con el lenguaje corporal.

Me gustas cuando callas

Comunicamos todo el tiempo. Hasta cuando dormimos (el movimiento de nuestros párpados indica en qué fase del sueño estamos, por ejemplo).

Con la evolución, hemos ido asentando unas reglas o código común a la hora de comunicarnos con los demás. Pero, como ocurre en casi todo, la norma no se adapta a la singularidad, y siendo como somos, únicos, la comunicación se convierte en un entramado complejo, lleno de matices que nos enriquecen y facilitan (o al menos es lo que se pretende) nuestra relación con nosotros mismos (Comunicación Intrapersonal) y con los demás (Comunicación Interpersonal).

Cuando hablamos con alguien, sólo una pequeña parte de la información que obtenemos de esa persona, procede de sus palabras. Entre un 60 -70% de lo que comunicamos procede de nuestro lenguaje corporal: gestos, apariencia, mirada, expresión facial.

El todo resultante tiene que ser coherente para otorgar credibilidad al emisor. Esa coherencia se da cuando lo que sientes, lo que piensas y lo que dices van en la misma línea. Por mucho que alguien nos diga que está tranquilo, si advertimos nerviosismo en su actitud, no le vamos a creer.

Saber reconocer e interpretar adecuadamente las señales de la Comunicación No Verbal (en adelante, CNV) que emite nuestro interlocutor nos aporta un valor añadido a la hora de establecer relaciones interpersonales, ya sea en el terreno personal o en el ámbito profesional (aunque, por mucho que nos guste diferenciarlas, ambas áreas forman parte de un todo indisoluble, que es la propia persona).

No hay una regla exacta para interpretar o interiorizar los elementos que componen la CNV. De hecho, resulta algo intangible, una especie de intuición. Nos llevamos una buena o mala primera impresión de alguien, sin ser conscientes del proceso interior que nos proporciona esa percepción del otro.

En cualquier caso, sí que hay una serie de elementos estandarizados que nos pueden ayudar a comprender y utilizar mejor en nuestro día a día, esa potente herramienta de comunicación que todos llevamos de serie, como es la CNV:

Personales (Kinesia): 

  • Las expresiones faciales: nuestro gesto puede expresar aceptación o rechazo, afectividad, sorpresa, etc.
  • Los movimientos corporales: las manos, los brazos, las piernas… todo el cuerpo transmite información.
  • La apariencia física: la higiene, la forma de vestir y el grado de cuidado personal pueden ayudar a facilitar u obstaculizar la comunicación con el otro.
  • El tacto: cuando hay contacto físico, un apretón de manos, un abrazo… comunican muchos matices.
  • La mirada: tiene muchísima fuerza en la comunicación interpersonal. Mirar a los ojos (en su justa medida) revela intensidad y veracidad; si está caída puede transmitir vergüenza, tristeza, arrepentimiento… Un guiño muestra complicidad.

Espaciales (Proxémica)

  • El espacio: la distancia entre los interlocutores. Lejanía o cercanía pueden ser percibidas como desinterés o exceso de confianza. Estar en una posición más alta, puede denotar superioridad con respecto al otro, por ejemplo.
  • Los objetos: el mobiliario o la disposición del mismo, puede entorpecer la comunicación, o también facilitarla (por ejemplo, en una mesa redonda se facilita la visualización de todo el grupo).

Paralingüísticos: estudia el comportamiento no verbal expresado en la voz.

  • Tono: en función de la gravedad o agudeza, puede resultar molesto, afectivo, burlón…
  • Volumen: si es alto, denota imposición sobre el otro, mientras que si es excesivamente bajo, puede revelar introversión.
  • Ritmo: la fluidez verbal con que se expresa una persona nos indica, si es lento o entrecortado, un rechazo al contacto con el otro, deseo de retirada; si es vivo, cálido, refleja interés en la conversación.
¿Eres consciente de cómo te comunicas?

Suele decirse que somos rehenes de nuestras palabras, pero también de nuestros silencios y de otros gestos que transmitimos de manera inconsciente. Por eso, cuanto mayor sea el conocimiento y dominio de las herramientas de comunicación de que disponemos, mejores serán nuestras relaciones con los demás.

Al final, la vida es eso, ¿no? Cómo me siento conmigo mismo, sin perder la perspectiva de mi relación con los otros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s