Tomar medidas

Medir el éxito

Necesitamos cuantificarlo todo. Compramos y vendemos al peso. Hasta los asuntos del corazón, los medimos en ‘cuántos’ y ‘tantos’: “¿Cuánto me quieres?” / “Te quiero tanto… “. Como si esas cantidades fueran lo que nos agarra a la vida. Incluso, hemos estimado un número de horas (10.000) para conseguir la excelencia en alguna materia. Es como si llevásemos un chip incorporado, una especie de contador interno con el que traducir a números, cualquier actividad que realicemos, cualquier emoción que sintamos.

El mundo funciona así, no es negociable. Los números mandan. Hasta el refranero nos lo recuerda: ‘Tanto tienes, tanto vales’. Pero, no sé, en algún momento de lucidez deberíamos plantearnos si eso tiene sentido siempre.

Está claro que necesitamos referencias para sobrevivir, y que la comprensión necesaria de muchos aspectos pasa por poner límites, acotar parcelas para que nuestro cerebro nos permita continuar los primeros en la escala evolutiva de las especies. Aún así, esa necesidad de compartimentar cualquier cosa es, precisamente, la que anula aquello que nos hace libres: la capacidad de aprender y hacer las cosas de un modo natural, respetando nuestra propia ecología existencial.

Si te paras a pensar, detrás de cualquier situación que nos agobia o nos hace sufrir, hay un condicionante métrico. Supongo que la respuesta (si la hay) pasa por algo sencillo (como resultan casi todas las cosas por las que nos preocupamos absurdamente): hemos sustituido el ser por el tener. Tenemos o deseamos tener: un determinado aspecto físico; un buen coche, una casa; un empleo para comprar esas cosas que queremos tener… También usamos el posesivo para las personas: pareja, amigos, hijos…

Todos esos elementos, más los que se te ocurran y quieras añadir al agujero de las posesiones, están dentro de un tener con mayúsculas, el mantra de nuestra esclavitud cuantitativa: TENER ÉXITO.

Pero, no somos muñecos que podamos modelar a capricho; ni somos cosas (coche, casa, sueldo…), ni roles conceptuales que obvian a las personas que protagonizan cada relación (ya sea como pareja, amigo, hijo…). Y, desde luego, no somos éxito.

Quizá deberíamos tomar medidas para cambiarlo. Sé que requiere tiempo y esfuerzo, pero no sabría cuantificarlo.

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5 pensamientos en “Tomar medidas

  1. Pingback: Contadores de estrellas | Tráfico de Emociones

  2. Qué delicia un blog reflexivo e inteligente como este.
    Pienso que cuantificar nos lleva a esa “apariencia de objetividad” que simula disipar la incertidumbre y nos devuelve a la zona de confort. El problema es que es de “mentirijillas” (no se me

    • Hmmm… Qué mal acostumbrada me tenéis con vuestros comentarios (pero qué bien sientan, jeje). La objetividad es un concepto humano y por tanto, subjetivo. Vamos, una trampa de ésas que tanto le gustan a nuestro cerebrín. Un beso, Rose.

  3. De repente no he podido evitar emocionarme con tus palabras. Es tanto el agotamiento y dolor que he llegado a sentir por tener que verme obligada a llegar a cierto nivel, valor numérico, o expectativa de los demás que me ha sobrepasado… ¡Cuánto nos hemos perdido por no concentrarnos en el SER!
    Beso apretao, como siempre!

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