Piezas pequeñas

Piezas pequeñas, pero imprescindbles.

Mesa Lego, hecha de piezas pequeñas, pero imprescindibles.

Estamos inmersos en una revolución socioeconómica. Los mimbres que habíamos establecido ya no sirven. Da la sensación de que vivimos en dos universos paralelos: por un lado, el que opera sobre el papel (el viejo modelo) y, por otro, el que se impone a través de las directrices marcadas por una sociedad cada vez más redárquica, donde los medios digitales cambian, a un ritmo de vértigo, las preguntas, justo cuando creíamos tener las respuestas.

Para los que hemos crecido y convivido con el sistema anterior -ese donde bastaba con estudiar una carrera para acceder a un puesto de trabajo, cumplir un horario y llevar una vida pautada-, resulta complejo despertar de ese sueño, reinventar las reglas del juego, planificar nuestra estrategia como jugadores con unas cartas nuevas que apenas sabemos identificar. Nos cuesta distinguir entre una buena baza y un farol; es lo más difícil, pero, mal que bien, nos vamos adaptando. La necesidad imperiosa de actuar (sin acción no hay cambio, y sin cambio nos estancamos, nos hacemos invisibles) mantiene a raya el pensamiento catastrofista y destructivo que solo lleva a esperar que vengan a salvarnos. Algo que, con toda certeza, no va a ocurrir.

No me atrevo a elucubrar sobre lo que piensan o sienten aquellas personas que vivieron un tránsito de cero a cien en pocos años; viendo cómo su vida esclava, se llenaba de pronto de ‘derechos’, convenios y otra clase de regulaciones que prometían una vejez dorada, para llegar a un punto en que ni siquiera están aseguradas las pensiones para las que han cotizado.

Pero, ¿qué pasa con los que vienen detrás? ¿Estamos haciendo algo para adaptar esos mimbres gastados a la nueva realidad? O, por el contrario, ¿seguimos mirando hacia otro lado? No parece responsable continuar con el mismo itinerario: una educación pública cada vez más recortada y con un sesgo en valores alarmante; ciclos formativos largos y plagados de contenido ajeno al nuevo contexto sociolaboral; falta de información y orientación adecuadas (si no sabes lo que ocurre a tu alrededor, difícilmente puedes elegir nada).

Creo que seguimos fomentando la generación de individuos estándar. Y es necesario empezar a pensar en esos chicos como personas a las que mostrar que pueden hacer más de lo que alguien o ‘álguienes’ dicen que hay que hacer; que detrás de una formación superior (para quien pueda pagarla, claro), hay una realidad a la que tendrán que enfrentarse y de la que nadie les ha hablado claro. El objetivo de formarse es el de desarrollar nuestras habilidades y talentos, no el de obtener un título y ser una etiqueta profesional más.

Quizá es el momento de ejercer nuestra responsabilidad como individuos; de hacer algo, por poco que sea, para contribuir al cambio necesario.

Yo propongo el remedio más mágico y milagroso que conozco: la Comunicación. Es necesario contar lo que ocurre, transmitir nuestras experiencias personales, vivencias reales sobre cómo se las apaña la gente después de un título, de un fracaso, de un punto de inflexión en el que te quedas sin respuestas y con herramientas que no sabes utilizar; cómo se generan ideas nuevas, cómo descubrir qué es aquello en lo que realmente somos malos, mediocres, excelentes, pero que nos apasiona; cómo entender que ser una pieza pequeña de algo grande, puede dar sentido a nuestros pasos y nos convierte en agentes de cambio fundamentales.

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8 pensamientos en “Piezas pequeñas

  1. ¡Qué tema tan controvertido y apasionante! Es una lástima que en mi país cinco de cada diez adolescentes que lean esta entrada en este blog no entenderán nada (o prácticamente nada). En mi opinión, los fundamentos de la educación, entendida esta como formación académica, son los que son, no se si deben entenderse como verdades universales, pero alcanzar niveles adecuados de comprensión lectora, de producción oral y escrita, de desarrollo de conceptos matemáticos, de conocimiento de reglas aritméticas, cálculo y geometría, de las leyes naturales (físicas y biológicas) etcétera, subyace a la preparación mínima para la defensa personal en el proceloso mundo de la vida diaria. ¿Que en este punto hay una cierta uniformidad en el proceso? Seguramente que sí, pero ¡bendita uniformidad!
    Donde puede ser que se pierda la perspectiva es en la utilidad de todo este conocimiento y su aplicación práctica. Desde los seis años entramos en una rueda que nos enseña todos esos fundamentos básicos que nos van a educar como estudiantes y que nos van a ser útiles en nuestra vida adulta. Con veintidos o veintitrés años, nos acercamos a la finalización de nuestros estudios, de esa rutina, y el vértigo es atroz, porque la vida tiene otros requisitos y otras exigencias, para las que la escuela y la universidad no nos estaban preparando (nótese el tiempo verbal utilizado)
    Digo esto porque desde mi otero veo brotes verdes en la educación.
    ¿El sistema en España es mejorable? Sin duda, pero no se puede negar que cada vez más la educación en este país está asumiendo su reto de desarrollar personas con la preparación formal adecuada y, cada vez más, con las capacidades para enfrentarse a la vida adulta.
    Se me ocurren miríadas de ejemplos, pero voy a compartir uno de mi ámbito personal. Mi hija, con seis años, no hace deberes, en sus propias palabras hace “trabajitos de investigación” y es que es exactamente eso lo que en su colegio ponen en práctica, desarrollar una generación de estudiantes que construye su propio conocimiento y que en ese proceso (por causa de ese proceso) crea sus propias herramientas para enfrentar los retos de la vida adulta, ahora tan lejanos para ellos.
    Reflexivamente tuyo…

    • Gracias por compartir esta reflexión, O. Napoleón. Me encanta lo que está dando de sí el post. Vuestras opiniones y comentarios enriquecen y diversifican. Ni buenos ni malos, ni a favor ni en contra, ni todo mal ni todo bien. Los matices, las experiencias personales, como la que aportas del cole de tu hija, importan, porque dan a conocer una realidad que también existe. Y vuelvo un poco a lo que comentaba al final del texto: no es tanto defender una formación anárquica, como ampliar el campo de lo que se considera esencial para la educación de las personas. Estamos viviendo un momento de desorientación absoluta. Nos toca construir herramientas básicas relacionadas con valores sociales que, hasta ahora, mucho no se han fomentado. Persiste le encarnación del éxito en modelos ‘antipersona’ y creo que en eso, la educación (entendiendo como responsable de ella a toda la sociedad) tiene mucho que ver.

  2. Temo que el tema es muy complejo y por tanto la solución no es fácil. Y por supuesto yo no la tengo. Casos como el del “emigrante que friega váteres con dos carreras” (va camino de convertirse en meme) ponen de relieve el desfase que hay entre educación y demanda profesional de la sociedad en España en este momento. O lo mala que es la universidad privada en España, quizá (saquemos de esta generalización a la Universidad de Navarra).
    Entiendo que el sistema de títulos homologados (primaria, secundaria, formación profesional y universidad) parece desfasado y anacrónico hoy día, pero sigue siendo necesario un protocolo que “certifique” que has “pasado por un sitio un tiempo determinado con un cierto grado de aprovechamiento”. Es mejorable, pero es operativo a efectos prácticos.
    Centrándome en lo que me atañe, la secundaria (sé que el tema del post es la formación como concepto, no una o varias etapas de la educación reglada, y pido perdón de antemano por la deriva del tema, pero quisiera decir esto) no creo que ahora mismo la secundaria en España tenga nada que ver con la ensoñación uniformadora de Taylor en el s. XIX. Nada más lejos. Nos falta mucho camino por andar en cuanto a fomentar la creatividad, el pensamiento divergente y la autonomía en nuestros alumnos (hablo de la secundaria, aunque imagino que en la universidad y en la FP también), pero cuando conoces los sistemas educativos de otros países (por conocer digo trabajar en ellos, no leer un enlace al que has llegado desde Twitter o ver un “Salvados”) te das cuenta de que la secundaria en España es años luz mejor de lo que cree el español medio (incluso de lo que cree el profesor español medio). Lo que pasa es que en esto, como en muchas otras cosas, nos vendemos mal.
    Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas… O no. No es nuevo, ya Sócrates (según nos cuenta Platón) planteaba que cuestionarlo todo es la única forma de vislumbrar algo parecido al conocimiento. Lo que nos lleva al principio del tema: ¿comunicarnos más y mejor? Sí, por favor.

    • Rosa. Muchísimas gracias por aportar tu visión como educadora. Creo que no se trata, tanto de criticar o denostar lo que hay, como de adaptar el sistema a las necesidades reales de la sociedad. Me apetecía destacar la importancia de nuestra responsabilidad individual de cara a facilitar o generar recursos que faciliten el desarrollo integral de las personas. Como dices, la solución es compleja y quizá no se pueda ‘paquetizar’ o estandarizar un modelo, no hay fórmulas mágicas, pero insisto, el desfase entre el papel y la realidad es evidente. A partir de ahí, sin necesidad de centrarse en juicios o buscar ‘culpables’, toca hacer algo al respecto.

  3. Hay una salsa de mi admirado Rubén Blades que justo usa esa frase “me cambiaron las preguntas cuando ya sabía las respuestas”. Tengo la sensación de que la mayoría de la gente, en este momento, estamos así, buscando nuevas respuestas sin embargo lo que creo es que llegó la hora de buscar preguntas nuevas dónde las respuestas sean mucho más a la medida de cada uno…Tienes razón ¡bendita comunicación! un beso y gracias por las reflexiones siempre!
    Muy buena la recomendación de @cambralla la tendré en cuenta Nacho!

    • Ange, muchas de las reflexiones que comparto en el blog, las hemos debatido y vivido juntas, a pesar de la distancia. Hay mucho de nuestras conversaciones en este texto. Somos parte de una buena red y eso es muy importante. Gracias! Un beso apretao 😉

  4. Una sociedad más redárquica pero que a su vez se enfrenta al inmenso poder que tienen los grandes lobbies.
    La educación sigue con tintes Tayloristas del s. XIX y XX y por eso la estandarización de las personas y la Titulítis como objetivo último. Ante este anacrónico sistema de fabricar iguales, nos queda la responsabilidad individual del aprendizaje permanente, dirigido por nosotros mismos y sin la necesidad de obtener títulos. Te recomiendo la lectura de “Aprendizaje Invisible” de Cobo y Moravec. http://www.aprendizajeinvisible.com/es/

    Gracias por comunicar, compartir y agitar neuronas.

    • Tomo nota de la lectura que me recomiendas, Nacho. El sistema de fabricar iguales ayuda a conservar el cetro en manos de los grandes lobbies, como bien dices. Por eso apelo a nuestra responsabilidad indivual como herramienta necesaria para el cambio.
      Muchas gracias por compartir tu punto de vista y darle una vuelta de tuerca a los textos. Es gasolina para el cambio 😉

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