Seguros

Fotografía de Melvin Sokolsky

Fotografía de Melvin Sokolsky

 

Es agradable sentirse protegido, aislado de cualquier elemento extraño que, si por alguna razón, logra traspasar nuestra burbuja, nos obligue a desenvolvernos en el caos que reina afuera.

Pero, sentirse protegido es una cosa, y estarlo es otra bien distinta. El control, que tanto nos gusta, no deja de ser una ilusión con la que muchos hacen negocio (oye, que yo lo entiendo, cada uno se gana la vida como puede o como los demás le dejamos). Nos hacemos seguros de todo: de casa, coche, vida… hasta de muerte; como si una vez muertos, fuese importante el tipo de caja o urna en la que se consuma lo que ya no eres.

El caso es que ese afán por mantenerse invulnerables, nos acaba colocando en la más absoluta indefensión: la de quien ni sabe ni quiere saber, no sea que despierte y tenga que salir de entre las sábanas, al frío de la habitación, el baño, la puerta de la calle, la otra gente, el ruido… al mundo real.

La vida no es segura, no debe serlo. Crear límites artificiales, imaginarios, sobre dónde se puede y no se puede pisar, para mantenernos a salvo en un camino que no lleva a ningún lado, es lo que nos pierde, nos enmudece; borra nuestra existencia, como le ocurría al personaje de McFly en ‘Regreso al Futuro’

Nos asusta saber que detrás de nuestro miedo no hay nada. Y lo entiendo, resulta frustrante llegar a la adultez y darte cuenta de que todo aquello que ha determinado tus pasos era una mentira. Pero creo que es mejor descubrirla y salir a pelear, que taparse los ojos e intentar volver a la cama; eso sí, previo contrato de un seguro de ceguera vital, para poder dormir tranquilos, seguros.

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4 pensamientos en “Seguros

  1. En otro de tus artículos, a propósito de una mudanza, decías que “el cambio es lo único que permanece”. Pienso que una vez que aceptas ese principio (iba a escribir “heraclitoriano” en referencia a Heráclito pero la derivación tiene vagos ecos sexuales que no vienen al caso) esta segunda conclusión, la “ilusión de seguridad” es necesaria.
    Hay pocas certezas, como decía Miguel Hernández en “Para la libertad” ‘Aún tengo la vida’. Desde mi humilde punto de vista, esa es la única certeza que tenemos.

    • Hola Rosa. Me llama la atencin tambin, lo poco que nos gusta asumir el timn de lo que s est en nuestra mano cambiar; mientras que aquello que no lo est, es justo lo que nos obsesiona controlar. Pero bueno, que me estoy liando. Yo prefiero aprender a lidiar con el cambio. En esas estamos 😉

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