Había otra vez

“Contra la pared se apoya el reloj de pie, un gigante que marca las horas sin pausa, las horas del arrepentimiento, las horas de las oraciones, las horas del crepúsculo, las horas de la mañana, el día con sus horas. Y la noche”.
(‘El espejo en el espejo’; Michael Ende).
 libroescultura de Su Blackwell

Atrapada en los relatos de Michael Ende. (Imagen : libroescultura de Su Blackwell)

Aún no he terminado este libro. No es que sea muy largo; además, su composición –una serie de relatos breves– facilita la lectura. Pero esas descripciones, el universo maldito, corrompido y perverso que emerge en cada pieza, ejercen un extraño poder sobre mí, que me paraliza, me hace dudar sobre si estoy preparada para acabarlo, digerirlo.

Ende -una vez más- te pone entre la espada y la pared, te enseña lo que ya sabes, pero no quieres recordar(te).

Cada página leída se convierte en una poción de efectos múltiples:

  • Rechazo: ante la violencia cotidiana, anestésica y letal que nos habita.
  • Soledad: cada relato tiene uno o varios personajes y,según avanza la historia, entiendes que todos ellos eres tú, un ‘tú’ incapaz de conectar con cualquiera de los otros. Eres el centro, pero nadie te ve.
  • Alivio: al encontrar una voz (aunque sea en forma de ficción) que da consistencia a las verdades atrapadas en abismos de silencio.

El autor nos muestra que la vida es justamente eso, un espejo dentro de otro espejo, donde nos miramos a ciegas.

En ese laberinto las cosas ocurren sin principio ni fin, sin causa ni consecuencias. Simplemente ocurren, suceden las historias enmarañadas, oscuras, como las horas de la noche que marca el reloj. Nacen viejos cuentos, en un ciclo eterno donde la oportunidad de cambio, llega, si acaso, en forma de un relato que reza:

“Había otra vez…”.

Tú y yo estamos conectados

Vale, que sí, que San Valentín es una patraña, un invento comercial y que el amor hay que demostrarlo todos los días y bla, bla, bla… Pero hoy, esta fecha y su ñonería son la excusa perfecta para compartir una imagen que expresa a la perfección lo que servidora entiende por Comunicación. A fin de cuentas, eso, Comunicación, es lo que tenemos para demostrar cualquier clase de amor, no sólo el romántico.

Porque me chiflan los vinilos y las ilustraciones de Anna Llenas, porque sí, lo confieso, estoy enamorada, porque la imagen es absolutely Tráfico de Emociones y porque, aunque no seas consciente, tú y yo estamos conectados.

Tú y yo estamos conectados  (ilustración de Anna Llenas)

Tú y yo estamos conectados (ilustración de Anna Llenas)

Éxito = cerebro + corazón + un par de…

Cerebro, corazón y… experiencia es la palabra que elegí para completar el texto de la página de inicio de mi proyecto de Marketing Social de Contenidos. Cuando estaba a punto de ‘soltar’ la Web, le comenté (bastante agobiada) a mi amiga y salvadora Natalia Quintanaque no me convencía el aspecto de la imagen corporativa del proyecto. Concretamente, le dije que el dibujo de los globos de contenido me recordaban a un par de…. (puestos al revés)

Bueno, juzgad vosotros mismos:

Mi nueva Web: Tráfico de Emociones

Página de inicio de: Tráfico de Emociones

El caso es que hoy, revisando mi muro de Facebook me he topado con esta ilustración de Typewear

En Tráfico de Emociones estamos cocinando...

En Tráfico de Emociones estamos cocinando…

Y oye, qué feliz coincidencia. Realmente, y hablando mal y pronto, además de corazón, cerebro y experiencia, echarle ‘un par’ a las cosas que hago y a los retos que se me presentan es algo que también me caracteriza, así que bueno, pretendidamente o no, me siento totalmente identificada con el logo de la Web (que por cierto, es de Manu Vaca).

Sobre si la receta funciona o no, aún estamos cocinando… 

Tu empresa está en redes sociales, ¿y de qué te sirve?

“Los Social Media son como el sexo adolescente. Todo el mundo quiere hacerlo, nadie sabe cómo y, cuando por fin lo hace, se sorprende de que no sea para tanto”. (Avinash Kaushik, analista de Medios Sociales)
Imagen usos redes sociales

¿Para qué sirven las Redes Sociales?

Hace unos días asistí a las I Jornadas SmartDays, celebradas en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Entre otros muchos aspectos relacionados con el Social Media, se puso de manifiesto algo que, de puro obvio, parece que se nos escapa a los profesionales de la Comunicación: trabajamos con herramientas cuya rentabilidad no sabemos -o no consideramos necesario- explicar a sus beneficiarios, ya sean estos reales o potenciales.

El oportunismo, la crisis y el desconocimiento tienen mucho que ver en este caos media reinante. Se ha generado tal ruido con esto del Marketing Online y la presencia de las marcas (sí, olvídate de ser empresa, en el mundo del Marketing, tu gente y tú sois una marca) en Internet, que da la sensación de que se está por estar, sin un objetivo claro, o peor aún, esperando que quien ¿gestiona? vuestra presencia en la red haga magia y aumente las ventas en un par de meses, solo porque os han abierto un perfil en Facebook, otro en Twitter y uno de regalo en Google +, compartiendo: -en el mejor de los casos- contenido original, pero que poco o nada tiene que ver con los valores de tu marca; o contenido de terceros, tan archicompartido por otros o tan obsoleto, que el periódico de ayer le resultaría más novedoso y atractivo a tu impresionante cifra de seguidores de humo (sí, ese listado de personas que le han dado al ‘Me gusta’ por compromiso o porque esperan que les tengas en cuenta como candidatos a la oferta de empleo que acabas de anunciar).

El Social Media no va de vender, sino de generar conversación; de decirle a los usuarios, a nosotros mismos como parte de ese colectivo (todos, a fin de cuentas, somos clientes de otros) que su opinión -la mía y la tuya- cuenta e influye en la mejora de eso que, como marca o empresa pones a mi disposición.

Creo que es hora de que las empresas, las marcas o como quieras llamarlo, comiencen a entender de qué va todo esto de la Comunicación Social. Y no comprendo por qué los profesionales de la Comunicación no damos más importancia a ‘evangelizar’ sobre la importancia y las ventajas a corto, medio y largo plazo de una buena hoja de ruta (la palabra estrategia siempre me ha sugerido una connotación negativa) comunicativa, antes que a imponer con ruido, promesas de venta rápida, SEO/SEM y estadísticas infladas unos servicios que, planteados de este modo, solo conducen al estancamiento de las marcas y al descontento de los usuarios/consumidores.