Experto en Meme Media

Yo meme conmigo...

Yo meme conmigo…

Todo está en Internet, es la herramienta que –supuestamente- ha hecho posible la democratización del conocimiento. Pero a veces tengo la sensación de que, en el día a día, lo único que conseguimos con ese fast food de contenidos, es perder el foco y contentarnos con lo anecdótico: nos quedamos en el meme.

Por ejemplo, mi campo profesional es la Comunicación y por tanto, me interesa el Social Media. Decido formarme, a sabiendas de que hacer un curso, por muy completo, extenso y práctico que sea, no me va a librar de seguir actualizando ese aprendizaje de manera constante.

Y ahí es donde empieza el caos. Hay millones de opciones: más cursos; canales especializados; blogs; tutoriales, ebooks… El problema es la selección y organización de todo ese contenido que –en teoría- me permite estar al día y ofrecer el mejor servicio posible en mi terreno profesional.

Encontrar formación e información útil, que no sea más de lo mismo, pero reformulado (lo que yo llamo contenido Frankenstein), que vaya más allá de unas recomendaciones, un listado de aplicaciones, una infografía o un puñado de frases ingeniosas resulta más complicado que llegar a tocarse la nariz con la punta de la lengua.

Igual es que tengo el día gruñón, pero me da la sensación de que, en esa carrera por ser el primero, por ser diferente, por tener presencia en todas partes, por hacer dinero rápido (aunque sea poco)…, se confunde la calidad con la cantidad. Y eso, no solo devalúa nuestro trabajo, sino que dificulta el acceso a una mejora continua real (que no esté basada en títulos de feria o nombres raros en el perfil profesional) con la que poner en valor nuestro propio conocimiento, más allá de meme.

Perdona, ¿nos conocemos?

Es habitual ir paseando por una calle céntrica o de mucho tránsito y sufrir el abordaje de algún joven alegre y voluntarioso que ‘solo’ te pide unos minutos de tu tiempo. Normalmente se trata de actividad comercial, disfrazada de causa solidaria. Reconozco que a mí me incomoda muchísimo. De hecho, me resulta agresivo que alguien a quien no conozco de nada, me trate con esa familiaridad artificial y claramente interesada. Lejos de despertar mi simpatía hacia su propuesta, genera en mí un rechazo automático.

desconocidos

Y eso es lo que hacen algunas marcas con su estrategia de contenidos o el modo en que gestionan su presencia en redes sociales. Interrumpir, invadir y llenar de ruido los perfiles de los usuarios, esperando que eso genere un aumento de sus ventas. Por eso sienten que la Comunicación Online es una moda, una pérdida de tiempo y de dinero. No van desencaminados: muy probablemente a ellos les esté resultado así. Y no porque las herramientas Social Media no sirvan, sino porque no han entendido (o nadie se ha tomado la molestia de explicárselo) dónde reside la llave de acceso al bolsillo emocional de su público objetivo.

Una buena estrategia de contenidos es aquella que logra transmitir la personalidad de tu marca y conectarla con esas personas que elegirán tu producto -y no el de cualquier otro proveedor-, porque lo que conocen de ti les gusta, se sienten de algún modo, identificados con tu forma de hacer, de contar, de ser.

Eso conlleva, por parte de la persona o personas encargadas de diseñar y ejecutar la estrategia,  un conocimiento profundo de tu producto, y sobre todo, la implicación –en mayor o menor medida- de las personas que dan vida al proyecto.

La hoja de ruta para poner en valor tu inversión en Social Media, pasa indefectiblemente por lo siguientes puntos:

  • AUTOCONOCIMIENTO. Este ejercicio previo a la elaboración de cualquier estrategia es indispensable y, aunque a menudo se da por hecho, no siempre se cumple. Conocer e identificar claramente cuáles son la Misión, Visión y Valores de tu proyecto, es indispensable para poder transferirlo a tus productos o servicios en forma de valor añadido. Y eso tiene repercusión directa en el contenido que compartes.
    Si no tienes clara la personalidad de tu producto o servicio no sabrás realmente qué ofreces ni para qué lo ofreces, ni, por tanto, a quién le puede servir lo que ofreces. Así que tampoco podrás preparar o facilitar al profesional de Comunicación que lo haga, la preparación y ejecución de la estrategia adecuada. En otras palabras: tu maravilloso proyecto está más cerca del ‘The end’ que del ‘To be continued’.
  • HUMANIZACIÓN: tu producto eres tú y el resto de personas que lo hacen posible. Hay quienes emprenden proyectos por inercia. De pronto, algo se pone de moda y hay que subirse al carro. Luego, cuando el negocio fracasa, echamos balones fuera y esperamos a la siguiente moda, a ver si para entonces, tenemos más suerte. Pongo un ejemplo: ¿os habéis fijado en la cantidad de cupcake-terías que han aparecido de repente? Quizá me equivoque, pero no creo que la gran pasión de mucha gente sea hacer magdalenas bonitas. La que despunta y se hace un hueco es esa tiendecita que transmite toda la energía, creatividad y pasión de las personas que la han puesto en marcha. Quizá la única diferencia entre un cupcake y TUS cupcakes sea un pequeño detalle, no sé, añadir pepitas de chocolate en forma de lunas y estrellas, en vez de las normales. Una magdalena es una magdalena, pero en la tuya hay una historia, un hilo del que tirar para que tus clientes te conozcan y te elijan a ti frente al resto.
  • COHERENCIA: Si tu producto o servicio gira en torno a unos determinados valores, hazlo visible en todos tus mensajes o, al menos, no los contradigas con tus acciones. Por ejemplo: si centras tu valor diferencial en la atención personalizada a tus clientes, no envíes un mailing de fidelización, que empiece con: Estimado/a Sr./a Díaz. Demuestra que lo que dices sobre ti mismo es cierto. Es el mejor modo de ganarse la confianza de tu público objetivo y de consolidar una buena reputación de marca.
  • GENEROSIDAD: No hables solo de ti. Comparte contenido que aporte valor a tu comunidad. Imagina que tienes un negocio online de ropa para bebés. En vez de publicar constantemente mensajes que hablen de tu catálogo de productos o de las ofertas del mes, moléstate en combinarlo con otro tipo de información. Por ejemplo, un post sobre la aparición de un nuevo tejido pensado para pieles hipersensibles. No importa que tus prendas estén hechas con el algodóndeldetodalavida, el usuario que tenga un bebé con ese problema, tarde o temprano te lo agradecerá (quizá recomendando tu ropa a otros posibles clientes de su entorno; lo que, muy probablemente, se traduzca en nuevas ventas para tu negocio).
  • INTERACCIÓN REAL: La Comunicación con tus clientes, para ser real, tiene que ser bidireccional. Generar interacción no consiste en obtener ‘likes’ o ‘retuits’, sino en crear un espacio de conversación con el usuario. Eso implica agradecer sus comentarios, resolver sus dudas (no enviando una respuesta tipo, claro) y ofrecerle recursos para ampliar la información que le interesa.
  • RESPETO: hay muchas formas de hacer spam encubierto. No caigas en el error de imponer tu mensaje. Tus clientes potenciales nunca se interesarán por conocerte mejor y alejarás, en vez de fidelizar, a los que habías conseguido. Ganarse la confianza de los usuarios requiere tiempo. Una cosa es publicitarse y otra molestar. Es muy distinto que una marca se presente y te invite a conocerla mejor a través de sus canales sociales (luego ya decidirá el cliente cómo y cuándo interactúa) y otra es que te llegue un mensaje en Facebook de una marca que no conoces de nada, pero que te ‘invita’ a que le des ‘Me gusta’ a su Fanpage.

Al final, lo que consigues con una buena estrategia de contenidos es sembrar en tu target las ganas de conocerte para, finalmente ganarte su confianza: ése es el valor que más ventas te proporcionará. Pero requiere tiempo, dinero y tener muy claro que tu negocio será rentable, en la medida en que sepas demostrar a tus clientes que les ves, les escuchas y te importan.    

 

¿Sabes hacer una presentación?

Batman y Robin

No deja de sorprenderme la actitud pobre y la escasa preparación de algunos ponentes en jornadas, charlas, presentaciones… Sin ir más lejos, hace unos días, en un contexto de inauguración, el representante institucional de turno, se lució leyendo un soporífero discurso de clausura en el que lo único reseñable a su favor, fue ponerse de pie para dirigirse a los allí presentes.

Teniendo en cuenta que el acto simbolizaba la apertura de un programa de actividades, escuchar de boca de ese buen hombre dar las gracias a todas las personas que habían participado en algo que aún estaba por ocurrir, me hizo sentir testigo privilegiado de un suceso digno de ser contado en Cuarto Milenio: ‘La inquietante crónica del futuro pasado’.

Tal como se desarrolló el desacierto discursivo del señor que hablaba, parecía que había ocurrido lo siguiente:

  1. Cargo público encomienda a su secretaria la redacción del discurso.
  2. Secretaria coge un documento de años anteriores que ella misma ha redactado al más puro estilo administrativo y lo refrita, cambiando fechas y algún otro dato con el que maquillar las ojeras del copypaste.
  3. Cargo público se lo pide media hora antes de su exposición, coge la hojita y sale puntualmente a recitarlo, cual niño que lee su poema sobre las estaciones en el festival de Navidad del cole. 
  4. Cargo público se siente orgulloso de su hazaña, tras recibir el caluroso aplauso del auditorio y piensa para sí: ‘¡Qué bien hablo, co—nes!’

Podría considerarse algo gracioso, anecdótico…, pero caray, a mí me resulta preocupante constatar la desidia que transmiten muchas personas a la hora de preparar una intervención pública. Sobre todo, cuando forma parte habitual de su trabajo, como es el caso.

Vale que nuestro sistema educativo (al menos el que a mí me tocó) no fomentaba en absoluto el desarrollo de habilidades comunicativas; vale también que la falta de práctica y de preparación para solventar ese hándicap suele derivar en un círculo vicioso donde la ansiedad que genera en algunas personas la sola idea de imaginarse hablando ante otros hace las veces de freno, en vez de constituir un motivo para solucionarlo.

Pero lo que no vale es salir habitualmente a la palestra, cobrar por ello (directa o indirectamente) y no molestarte ni un poco en preparar algo digno para ti y, sobre todo, para las personas que estarán escuchándote.

Fotograma de la película 'El discurso del Rey'

Colin Firth, a punto de soltar la chapa en ‘El discurso del Rey’.

No hace falta convertirse en un orador profesional ni contratar al logopeda de Colin Firth en ‘El discurso del Rey’, pero hay algunos aspectos básicos que solo requieren un poco de consideración por parte de quien se dirige a una audiencia –sea esta grande o pequeña-. A saber:

  • Cada presentación debe ser única. Una cosa es aprovechar contenido o la estructura de presentaciones anteriores y otra, bien distinta, mantener siempre el mismo powert point, cambiando solo algunos números o fechas. Quizá nadie se haya atrevido a decírtelo, pero tu presentación perpetua les parece aburrida e infumable. El aplauso que te dan es pura cortesía. Su modo de darte las gracias por proporcionarles un tema de conversación con el que hablar con la persona de al lado.
  •  Sabemos leer, gracias. La gente ha ido a escucharte, no a leer un tocho de texto en tus diapositivas. El contenido de la pantalla debe ser una guía, no tu discurso completo. Para eso, se lo mandas por mail y no les haces perder el tiempo.
  • Imágenes o cuadros que no vienen al caso. Rellenar con fotos de gatitos, vídeos eternos y cuadros de cifras ilegibles no aporta más que ruido a tu presentación. El contenido gráfico debe tener un sentido, aportar valor a la narración.
  • Interactúa con tu audiencia. Son personas, no bultos sospechosos. Algunos ponentes salen a recitar lo que traen aprendido de casa, en vez de a contar una historia. Si quieres que te escuchen, debes provocar esa interacción, hablarles a ellos, no al techo, al papel o al atril.
  • Haz caso a Guy. Y usa la regla del 10/20/30. Esto es, 10 diapositivas para 20 minutos de presentación, usando un tamaño de fuente legible, de 30 puntos o mayor, según la fuente que hayas escogido. Insisto en lo de los 20 minutos de presentación. Si los organizadores te han dicho que tienes más tiempo, úsalo generando debate o conversación en el auditorio. Resulta frustrante escuchar una presentación sobre un tema que te interesa y no poder hacer preguntas a los ponentes, por falta de tiempo. Además, las presentaciones largas aburren y merman la calidad del contenido.
  • Cuidado con la improvisación. En tres de las cuatro últimas ocasiones en las que asistí a alguna presentación, varios ponentes se jactaban de haber ido allí sin preparar nada. Quizá pensaran que eso ponía de manifiesto su talento para improvisar, pero a mí lo que me transmitieron fue un absoluto desinterés y desconsideración por el acto al que habían sido invitados y por las personas allí presentes. Puedes improvisar cuando dominas tanto un tema que juegas con él, lo disfrutas y así lo transmites. Pero no te confundas, es la ignorancia la que habla por ti al sentirte tranquilo y orgulloso de ir sin nada preparado y encima, contarlo sin ningún rubor.
  • Sonríe y agradece. Por muy serio que sea el tema sobre el que hables, una presentación no debe convertirse en un velatorio. Sonreír no te va a desprestigiar y hacerlo, de un modo adecuado (tampoco se trata de estar hablando con la sonrisa del mono sabio) te ayudará a empatizar con el público. Por supuesto, y aunque parezca obvio, agradece sinceramente su asistencia y su interés. No me refiero a dar las gracias con un smiley en la última diapositiva de tu power point, sino a una despedida cálida y sincera. La despedida es importante, un mal cierre puede dar al traste con todo el trabajo previo, así que conviene cuidar también este detalle.

Y hay barca pa’ seguir, esto es solo un esbozo. Desde luego, merece la pena molestarse un poco en mejorar nuestras habilidades de comunicación y darle la importancia que merece. Porque ya no se trata solo de librar una vez al año nuestra intervención en unas jornadas, sino del modo en que nos desenvolvemos en cualquier contexto que tenga que ver con las relaciones interpersonales. Y eso al final, lo es todo.

Ahora

Cita

Juntando ahoras…

Ilustración de Aurelio Lorenzo.

Ilustración de Aurelio Lorenzo.