Mi caja de herramientas

Building workLa Comunicación es, por suerte, una caja profesional tan grande que dentro de ella caben muchísimas líneas de desarrollo. Y es que, si nos paramos a pensarlo, todo es comunicación o al menos una parte esencial de cualquier contexto en el que haya personas implicadas.

Esa universalidad que la caracteriza es, a la vez, fortaleza y lastre. Fortaleza: porque la convierte en base del progreso y del desarrollo, a todos los niveles, de nuestra sociedad; lastre: porque parece que en materia de comunicación, pesa más el tamaño de la caja -el significante-, que el contenido –el significado.

El cortoplacismo en el que nos hemos instalado nos lleva a invertir tiempo/ dinero (¿acaso no son lo mismo?) en acciones que generen gratificaciones inmediatas, resultados llamativos que, vistos de cerca, se tornan en meros espejismos; y es entonces, cuando baja la marea y las palabras quedan al descubierto, donde se ve que hemos invertido solo en un pomposo significante, vacío de significado.

Un ejemplo de ello puede ser la denominada burbuja de las nuevas profesiones’; quizá acuciados por la crisis, pero también motivados por el desarrollo profesional, nos hemos visto envueltos en una carrera donde pesaba más el saco que la coordinación de pies y saltos para avanzar, en vez de tropezar erráticos hasta caer de nuevo al suelo.

En materia de comunicación, el listado de nuevas profesiones se hace largo: community manager, social media strategist, mobile business specialist, etc…

Algunas de ellas empiezan a languidecer, eclipsadas por la llegada de nuevos términos que reclaman su minuto de gloria. Pero, más allá de anglicismos y términos impactantes, cabe preguntarse qué hay detrás de esos significantes.

Y con 15 años de experiencia en Comunicación, habiendo pasado por contextos profesionales muy variados (radio, comunicación corporativa, comunicación institucional, comunicación organizacional, formación, orientación y desarrollo profesional), me doy cuenta de algo que quizá para muchos sea ya una obviedad: la aparición de nuevas herramientas, canales, aplicaciones…  ha traído consigo la demanda de nuevas funciones pero, ¿por cuánto tiempo? ¿El suficiente como para consolidarse como profesión?

¿Es necesario crear una caja o etiqueta profesional para cada nueva herramienta que incorporamos a nuestra profesión?

El reciclaje y la inquietud constante por aprender son requisitos imprescindibles para el desarrollo profesional, pero cuidado: el espejismo de la especialización en una determinada herramienta o disciplina que en un par de años queda desbancada por otras doscientas, puede llevarnos a un limbo profesional en donde eso que decimos saber hacer, ya no le sirva a nadie.

Podemos seguir acumulando bonitas cajas vacías, pero creo que la clave reside en mantener viva y útil una sola caja que sea flexible, adaptable, de manera que nos permita incorporar nuevas herramientas, si es preciso y desechar aquello que ya no usemos.

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