Prepara tu presentación: antes, durante y después

Prepara tu presentaciónCuando se habla sobre presentaciones públicas, solemos poner el foco en los aspectos clave, a la hora de prepararla. Pero, ¿qué pasa después? Es fácil caer en el error de pensar que preparar una buena presentación acaba justo ahí: cuando ya te lo sabes todo, has ensayado tu discurso y has preparado tu Power Point (¿conoces Prezi?). Esa es solo la primera parte; después hay que salir ahí e incorporar a tu maravilloso discurso todos aquellos elementos en los que no habías caído:

  1. Si es una mesa de varios ponentes, respeta los tiempos de cada uno. Si eres el primero y te has venido arriba, porque el tema te encanta y la audiencia se ha enganchado, guarda tu ego para otro momento. Usar 30 minutos, en vez de los 20 que te habían marcado obligará al resto de ponentes a alterar sus presentaciones y cerrar apuradamente, enviando al traste el trabajo y tiempo invertidos.
  1. Puede que no haya más ponentes que tú, pero aún así, no te saltes la duración estimada. Si lo haces, estarás dejando de lado a tu audiencia que se irá con la sensación de haber estado ahí, como gato de escayola. Ponte en sus zapatos: escuchas algo con interés, te surgen dudas, pero no te dejan exponerlas. Al final, sentirá que estar allí ha resultado una pérdida de tiempo.
  1. Cuando la exposición ocupa todo el tiempo, se pierde lo mejor: la posibilidad de establecer un debate posterior y dejar que tu audiencia aporte valor también al resto y a ti mismo.
  1. Ensaya lo que necesites, pero no te pases el rato mirando al proyector y leyendo lo que ponen las slides. Si le das la espalda a tu audiencia, la perderás.
  1. Es importante establecer contacto visual, ya que te permite percibir el feedback que de los asistentes. Utiliza ese feedback como sensor; no te desmorones si ves algún que otro bostezo (no sabes cuáles son las circunstancias de esa persona; igual tiene un bebé que no le ha dejado pegar ojo en toda la noche).
  1. Está bien terminar a la hora, pero no te muestres ansioso por terminar. Parecerá que quieres huir y la inseguridad genera desconfianza.
  1. Acoge las preguntas con generosidad, no con actitud defensiva. Lo habitual es no disponer una información muy precisa sobre todas y cada una de las personas que asistirán a nuestra charla/ponencia/presentación, y aunque así fuera, no necesariamente gustaremos a todo el mundo. Eso implica que, lo que traemos a unos le servirá más y a otros les servirá menos. Depende también del grado de conocimiento del tema de cada uno de los asistentes. Llegado el momento de las preguntas, asume que esto puede pasar: no tienes respuesta. Reconócelo y si reamente es una cuestión de peso para el tema que estabas tratando, comenta que lo tendrás en cuenta para la próxima vez. Si no, no pasa nada, nadie es infalible. Lo que puede perjudicarte es ponerte a la defensiva o insistir en que tú sabes más. O incluso, obviar la pregunta de tu interlocutor, asintiendo sin contestar, como quien oye llover.
  1. Ofrece el contenido de tu presentación. Nadie te va a robar nada y en todo caso, es difícil que alguien vaya a hacerse de oro utilizando un material personal de terceros.
  1. Facilita tus datos de contacto: usuario de redes sociales, correo electrónico o lo que mejor te resulte para que el personal te recuerde y tu charla no se evapore.
  1. Pide feedback: si preguntas “¿qué tal?”, te responderán un cumplidor “bien”. Facilítales su respuesta: quizá si planteas “¿qué es lo que más os ha aportado de la sesión?” “¿Qué cambiaríais?”.

¿Añadirías alguno más? ¿Cuál sería?

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