¿Apropiado para Linkedin?

Esto no es para Linkedin y lo sabesEl otro día leí este artículo sobre la polémica foto en bikini de una modelo, compartida en LinkedIn. Hace poco también, una compañera me mostraba este el perfil de un tal Don Importante y yo misma observo diariamente entre las notificaciones de esta red social, contenido compartido que poco o nada tiene que ver con el pretendido posicionamiento profesional de esta herramienta. Veo que empieza a inundarse con frasecitas de optimismo algo pánfilo y acertijos simplones, cuyo reclamo es la fórmula mágica para convertir a los mediocres acertantes en superdotados en serie.

Creo que las redes sociales son sencillamente el resultado del uso que hacemos de ellas.

Lo que LinkedIn establece sobre el tipo de contenido a compartir queda reflejado en este escueto: “Recuerda ser profesional y no publicar nada que se preste a malinterpretaciones, que sea fraudulento, obsceno, amenazador, que incite al odio, difamatorio, discriminatorio o ilegal”.  Pero, claro, depende de las interpretaciones de cada quien para dotar de significado a la palabra ‘profesional’. Yo lo que veo es que cada vez se publican y comparten más chorradas.

En las sesiones formativas sobre el uso de redes sociales profesionales a la hora de difundir nuestro mensaje profesional, hago hincapié en que cada una de ellas tiene un registro, su propio lenguaje y sus propias reglas del juego. La calidad de cómo me comporto en cada una de ellas es importante (tanto si genero contenido propio  o interactúo a partir del contenido de terceros). Un rayo de luz, entre tanta tontería  -textos plagiados o archicompartidos; vídeos de gatitos, etc.-, se agradece; aunque cada vez resulte más difícil encontrarlo.

Mi ritmo de publicación de contenido e interacción en redes sociales es mucho menor ahora que hace un año y que hace dos. Y creo que no soy la única. Muchas personas, profesionales que han querido utilizar el potencial de Internet como altavoz de su mensaje, pero también como vía de acceso a un conocimiento enriquecedor, empiezan a estar cansados de dedicar tiempo y esfuerzo a una tarea, cuyos resultados quedan ocultos bajo la maraña de estupideces, memes y frases de ‘Todo a cien’.

No sé si el siguiente paso es crear nuevas herramientas que permitan acceder de una forma más eficiente al contenido y a las personas con las que queremos conectar, o basta con mejorar las existentes. Quizá sea necesario realizar un ejercicio de responsabilidad personal, a la hora de publicar, compartir, alabar, posicionarse sin datos, pasar de legos a expertos en cinco minutos, por obra y gracia del engagement mal entendido. Que algo se comparta muchas veces no le otorga calidad, sencillamente lo hace viral. Si acaso, meme.

Prepara tu presentación: antes, durante y después

Prepara tu presentaciónCuando se habla sobre presentaciones públicas, solemos poner el foco en los aspectos clave, a la hora de prepararla. Pero, ¿qué pasa después? Es fácil caer en el error de pensar que preparar una buena presentación acaba justo ahí: cuando ya te lo sabes todo, has ensayado tu discurso y has preparado tu Power Point (¿conoces Prezi?). Esa es solo la primera parte; después hay que salir ahí e incorporar a tu maravilloso discurso todos aquellos elementos en los que no habías caído: Sigue leyendo

Mi caja de herramientas

Building workLa Comunicación es, por suerte, una caja profesional tan grande que dentro de ella caben muchísimas líneas de desarrollo. Y es que, si nos paramos a pensarlo, todo es comunicación o al menos una parte esencial de cualquier contexto en el que haya personas implicadas.

Esa universalidad que la caracteriza es, a la vez, fortaleza y lastre. Fortaleza: porque la convierte en base del progreso y del desarrollo, a todos los niveles, de nuestra sociedad; lastre: porque parece que en materia de comunicación, pesa más el tamaño de la caja -el significante-, que el contenido –el significado. Sigue leyendo

¿Trabajas en Comunicación?

Profesionales de ComunicAcción.

Profesionales de la ComunicAcción.

La Comunicación es importante, necesaria, indispensable. Si te paras a pensarlo un segundo, todo es Comunicación, porque la conexión con los demás es lo que da sentido a nuestras vidas, en mayor o menor escala: la comunicación es el mayor agente de cambio social  (y si se usa con sentido, ya ni te cuento).  Sigue leyendo

Experto en Meme Media

Yo meme conmigo...

Yo meme conmigo…

Todo está en Internet, es la herramienta que –supuestamente- ha hecho posible la democratización del conocimiento. Pero a veces tengo la sensación de que, en el día a día, lo único que conseguimos con ese fast food de contenidos, es perder el foco y contentarnos con lo anecdótico: nos quedamos en el meme.

Por ejemplo, mi campo profesional es la Comunicación y por tanto, me interesa el Social Media. Decido formarme, a sabiendas de que hacer un curso, por muy completo, extenso y práctico que sea, no me va a librar de seguir actualizando ese aprendizaje de manera constante.

Y ahí es donde empieza el caos. Hay millones de opciones: más cursos; canales especializados; blogs; tutoriales, ebooks… El problema es la selección y organización de todo ese contenido que –en teoría- me permite estar al día y ofrecer el mejor servicio posible en mi terreno profesional.

Encontrar formación e información útil, que no sea más de lo mismo, pero reformulado (lo que yo llamo contenido Frankenstein), que vaya más allá de unas recomendaciones, un listado de aplicaciones, una infografía o un puñado de frases ingeniosas resulta más complicado que llegar a tocarse la nariz con la punta de la lengua.

Igual es que tengo el día gruñón, pero me da la sensación de que, en esa carrera por ser el primero, por ser diferente, por tener presencia en todas partes, por hacer dinero rápido (aunque sea poco)…, se confunde la calidad con la cantidad. Y eso, no solo devalúa nuestro trabajo, sino que dificulta el acceso a una mejora continua real (que no esté basada en títulos de feria o nombres raros en el perfil profesional) con la que poner en valor nuestro propio conocimiento, más allá de meme.

Perdona, ¿nos conocemos?

Es habitual ir paseando por una calle céntrica o de mucho tránsito y sufrir el abordaje de algún joven alegre y voluntarioso que ‘solo’ te pide unos minutos de tu tiempo. Normalmente se trata de actividad comercial, disfrazada de causa solidaria. Reconozco que a mí me incomoda muchísimo. De hecho, me resulta agresivo que alguien a quien no conozco de nada, me trate con esa familiaridad artificial y claramente interesada. Lejos de despertar mi simpatía hacia su propuesta, genera en mí un rechazo automático.

desconocidos

Y eso es lo que hacen algunas marcas con su estrategia de contenidos o el modo en que gestionan su presencia en redes sociales. Interrumpir, invadir y llenar de ruido los perfiles de los usuarios, esperando que eso genere un aumento de sus ventas. Por eso sienten que la Comunicación Online es una moda, una pérdida de tiempo y de dinero. No van desencaminados: muy probablemente a ellos les esté resultado así. Y no porque las herramientas Social Media no sirvan, sino porque no han entendido (o nadie se ha tomado la molestia de explicárselo) dónde reside la llave de acceso al bolsillo emocional de su público objetivo.

Una buena estrategia de contenidos es aquella que logra transmitir la personalidad de tu marca y conectarla con esas personas que elegirán tu producto -y no el de cualquier otro proveedor-, porque lo que conocen de ti les gusta, se sienten de algún modo, identificados con tu forma de hacer, de contar, de ser.

Eso conlleva, por parte de la persona o personas encargadas de diseñar y ejecutar la estrategia,  un conocimiento profundo de tu producto, y sobre todo, la implicación –en mayor o menor medida- de las personas que dan vida al proyecto.

La hoja de ruta para poner en valor tu inversión en Social Media, pasa indefectiblemente por lo siguientes puntos:

  • AUTOCONOCIMIENTO. Este ejercicio previo a la elaboración de cualquier estrategia es indispensable y, aunque a menudo se da por hecho, no siempre se cumple. Conocer e identificar claramente cuáles son la Misión, Visión y Valores de tu proyecto, es indispensable para poder transferirlo a tus productos o servicios en forma de valor añadido. Y eso tiene repercusión directa en el contenido que compartes.
    Si no tienes clara la personalidad de tu producto o servicio no sabrás realmente qué ofreces ni para qué lo ofreces, ni, por tanto, a quién le puede servir lo que ofreces. Así que tampoco podrás preparar o facilitar al profesional de Comunicación que lo haga, la preparación y ejecución de la estrategia adecuada. En otras palabras: tu maravilloso proyecto está más cerca del ‘The end’ que del ‘To be continued’.
  • HUMANIZACIÓN: tu producto eres tú y el resto de personas que lo hacen posible. Hay quienes emprenden proyectos por inercia. De pronto, algo se pone de moda y hay que subirse al carro. Luego, cuando el negocio fracasa, echamos balones fuera y esperamos a la siguiente moda, a ver si para entonces, tenemos más suerte. Pongo un ejemplo: ¿os habéis fijado en la cantidad de cupcake-terías que han aparecido de repente? Quizá me equivoque, pero no creo que la gran pasión de mucha gente sea hacer magdalenas bonitas. La que despunta y se hace un hueco es esa tiendecita que transmite toda la energía, creatividad y pasión de las personas que la han puesto en marcha. Quizá la única diferencia entre un cupcake y TUS cupcakes sea un pequeño detalle, no sé, añadir pepitas de chocolate en forma de lunas y estrellas, en vez de las normales. Una magdalena es una magdalena, pero en la tuya hay una historia, un hilo del que tirar para que tus clientes te conozcan y te elijan a ti frente al resto.
  • COHERENCIA: Si tu producto o servicio gira en torno a unos determinados valores, hazlo visible en todos tus mensajes o, al menos, no los contradigas con tus acciones. Por ejemplo: si centras tu valor diferencial en la atención personalizada a tus clientes, no envíes un mailing de fidelización, que empiece con: Estimado/a Sr./a Díaz. Demuestra que lo que dices sobre ti mismo es cierto. Es el mejor modo de ganarse la confianza de tu público objetivo y de consolidar una buena reputación de marca.
  • GENEROSIDAD: No hables solo de ti. Comparte contenido que aporte valor a tu comunidad. Imagina que tienes un negocio online de ropa para bebés. En vez de publicar constantemente mensajes que hablen de tu catálogo de productos o de las ofertas del mes, moléstate en combinarlo con otro tipo de información. Por ejemplo, un post sobre la aparición de un nuevo tejido pensado para pieles hipersensibles. No importa que tus prendas estén hechas con el algodóndeldetodalavida, el usuario que tenga un bebé con ese problema, tarde o temprano te lo agradecerá (quizá recomendando tu ropa a otros posibles clientes de su entorno; lo que, muy probablemente, se traduzca en nuevas ventas para tu negocio).
  • INTERACCIÓN REAL: La Comunicación con tus clientes, para ser real, tiene que ser bidireccional. Generar interacción no consiste en obtener ‘likes’ o ‘retuits’, sino en crear un espacio de conversación con el usuario. Eso implica agradecer sus comentarios, resolver sus dudas (no enviando una respuesta tipo, claro) y ofrecerle recursos para ampliar la información que le interesa.
  • RESPETO: hay muchas formas de hacer spam encubierto. No caigas en el error de imponer tu mensaje. Tus clientes potenciales nunca se interesarán por conocerte mejor y alejarás, en vez de fidelizar, a los que habías conseguido. Ganarse la confianza de los usuarios requiere tiempo. Una cosa es publicitarse y otra molestar. Es muy distinto que una marca se presente y te invite a conocerla mejor a través de sus canales sociales (luego ya decidirá el cliente cómo y cuándo interactúa) y otra es que te llegue un mensaje en Facebook de una marca que no conoces de nada, pero que te ‘invita’ a que le des ‘Me gusta’ a su Fanpage.

Al final, lo que consigues con una buena estrategia de contenidos es sembrar en tu target las ganas de conocerte para, finalmente ganarte su confianza: ése es el valor que más ventas te proporcionará. Pero requiere tiempo, dinero y tener muy claro que tu negocio será rentable, en la medida en que sepas demostrar a tus clientes que les ves, les escuchas y te importan.    

 

San Juan enciende los nuevos proyectos

La noche de San Juan siempre me ha resultado particularmente especial. Me gusta todo lo que rodea a esta cita. Es un símbolo de renovación. El inicio del verano enciende la sensación de nuevos sueños por estrenar y compartir. Trae luz a proyectos que estaban en sombra y apaga los espejismos.

Uno de esos proyectos que alumbra al fin este solsticio de verano es el espacio Web que he creado para Manuel y Maruja, el alma de las Casinas Rurales de San Martín de Villanueva, en Trevías (Valdés).

Hoy, en la noche más corta, te dan la bienvenida:

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Marketing Social de Contenidos

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Fuera de la burbuja de la Comunicación Social Media, a muchas personas de mi entorno les cuesta entender a qué me dedico. Explicar en qué consiste el Marketing Social de Contenidos no es especialmente difícil, pero todo lo que no suene a rentabilidad a corto plazo, continúa generando confusión y desconfianza. Y claro, hablar de solidez corporativa, de generar conversación o valor añadido a través de la creación y difusión de contenidos que toquen el corazón del usuario y no directamente su bolsillo, no ayuda mucho a derribar ese muro de escepticismo popular.

En general, se sigue viendo el Marketing y la Comunicación, más como un elemento accesorio, que como un factor clave en el posicionamiento y la rentabilidad de cualquier marca (incluida la propia, la marca personal). De ahí que, habitualmente, cuando las cosas van mal en una empresa o entidad este departamento es de los primeros es irse al traste.

Esto, por suerte y gracias al empeño de muchos profesionales por dignificar y poner en valor la importancia de contar con una adecuada estrategia de Comunicación, está cambiando. Se va entendiendo que gestionar bien la relación de una marca con los usuarios quizá no genere beneficios a corto plazo, pero puede evitar importantes pérdidas -sobre todo en términos de imagen y reputación- que se traducirán, sin duda, en un menoscabo económico.

En un mercado como el actual, donde un producto tan básico y aparentemente sencillo de comercializar como la leche cuenta con una docena de variedades y más del doble de marcas que la ofertan, no cabe pensar en métodos tradicionales de publicidad, donde bastaba con decirle al consumidor lo bueno que era nuestro producto para que lo comprase.

Los mercados son conversaciones y para que éstas sean rentables –tanto para las marcas como para los consumidores- hace falta escuchar, en vez de imponer. Esa escucha activa es el germen del valor añadido de un producto o servicio; de ahí nacen las mejoras o modificaciones que me permitan algo más que tener un éxito de ventas puntual.

Hoy día, las personas (en función de su capacidad adquisitiva, claro está) tenemos acceso a cualquier tipo de artículo; nuestra elección por una u otra marca no es casual. Los atributos intangibles, esos que tienen que ver con los valores personales, el estilo de vida, gustos, experiencias, nivel cultural… son los que pueden diferenciar nuestro producto de la competencia, hacer que sea el elegido. Y el mejor modo de transmitirlo es sembrando el mensaje adecuado, ese capaz de llegar a nuestro cliente y hacerse visible en medio de la vorágine de ruido digital con que otros le bombardean.

A eso es a lo que me dedico, a crear contenido de valor para conectar a las marcas adecuadas con las personas adecuadas, en función de los objetivos de unas y las necesidades, demandas y deseos de otras.

The Goyo Jiménez Experience

El pasado domingo pude disfrutar en el centro cultural Niemeyer de un rato increíble, a cargo del reverendo Goyo Jiménez. Su espectáculo ‘En verdad os digo’ es toda una experiencia (casi religiosa). Al menos, para mí lo fue. Pagando solo 20 euros, obtuve risa por valor de 25 o más; una importante dosis de reflexión y la sensación de que en ese escenario había un demiurgo que aglutinaba en su discurso los pensares y sentires cotidianos de todos los allí presentes y les incitaba a cambiarlos o al menos, a ser conscientes de ellos.

Quizá por tratarse de un espectáculo de humor, un monólogo (un tío, un taburete y un micro), pueda pensarse que no hay nada detrás, que basta con tener gracia para reunir un montón de tópicos cañís y soltarlos a bailar como monos en el escenario. Pero lo cierto es que salí del Niemeyer con ganas de escribir un post para contar las verdades del barquero y poner el show como ejemplo de buena estrategia de marca y comunicación social.

He asistido a otros espectáculos humorísticos, donde, a pesar de la profesionalidad del artísta de turno, se notaba que iba un poco a cumplir; ceñirse al guión, soltar su texto y cobrar. Y eso no es malo o al menos no reprochable, pero te deja una sensación mercenaria, cierta decepción por no encontrar en el actor la complicidad que despertó en ti al verle por la tele o en cualquier otro contexto.

Una de las claves para que algo funcione –llámalo producto, mensaje, servicio, monólogo…-  es conectar con el grupo de personas que han manifestado interés en lo que traes.  Si tú o tu mensaje sois lo bastante buenos como para que alguien quiera pagar por escucharlo, tienes hecha la mitad del camino. Les has convencido de abrir el sobre, pero eso no basta, ahora tienes que lograr que lean la carta hasta el final y conseguir que tu mensaje les mueva a la acción. En este caso, la acción puede ser el boca a boca, lograr que la gente recomiende a otros tu espectáculo; despertar conciencias, evidenciando con la ironía lo mucho que nos gusta culpar a otros, con tal de no asumir las consecuencias de nuestra dejadez o sencillamente que salgan de allí convencidos de que la próxima vez que tengan ocasión, volverán a pagar por verte actuar.

¿Y eso cómo se consigue? Pues con una fórmula siempre igual y siempre distinta, según quién la prepare.

En el caso de Goyo Jiménez no escatimó ingredientes:

  • PERSONALIZACIÓN DEL MENSAJE: Guiños acertados y muy bien traídos sobre la ciudad y la región en la que estaba representando su show (en este caso Avilés-Asturias).
  • CONOCIMIENTO DEL TARGET Y ESCUCHA ACTIVA: Interacción con el público, generando complicidad, sonrisa, risa y carcajada. 
  • ADAPTABILIDAD Y COHERENCIA: Gags con varias lecturas, de manera que la risa fácil desembocaba en reflexión e incluso cierto ejercicio de autoconocimiento como individuo y como sociedad.
  • VALOR AÑADIDO: Implicación personal. Realmente transmitía disfrutar con el show; mantener el ritmo y la atención de la audiencia durante dos horas largas, con una pausa de tan solo diez minutos me parece bastante meritorio. 
  • SEGUIMIENTO DE TU ESTRATEGIA: Aprovechar el descanso para echar un ojo a las redes sociales y ver cómo está siendo acogida la función. 

No sé si Goyo Jiménez escribe sus monólogos ni si alguien gestiona su presencia en redes sociales u otros medios de comunicación, pero en el escenario demostró saber más de comunicación y de Marketing experiencial que muchas marcas o espectáculos con recursos suficientes como para que la butaca te dé masajes en los pies, mientras oyes cantar al Rey León de turno. Amén a la verdad (esto último lo entenderás, si vas ver el show ‘En verdad os digo’ 😛  )

Cambio de planes

Time to plan

¿Tienes plan para el cambio de planes?

Soy la primera que despotrica de aquellos profesionales de la Comunicación que descuidan su imagen de marca, haciendo gala del refrán En casa del herrero, cuchillo de palo. Me molesta ver páginas Web corporativas con un montón de iconos sociales vacíos o sin actualizar, o con blogs, cuyo último post data del Pleistoceno.

Pues bien, es hora de entonar el mea culpa y hacer un ejercicio de transigencia con mis colegas de profesión y por qué no, también conmigo misma. Últimamente publico un post  cada quince días y actualizo mis redes sociales con cuentagotas. Y no es pereza, dejadez o falta de conciencia sobre lo importante que es mantener al día esa proyección de lo que hago y lo que soy. Es, sencillamente, que el esfuerzo previo empieza a dar su fruto, lo que significa que atender los trabajos y encargos que van saliendo, no me deja mucho margen para mantener el blog, mis perfiles sociales y la Web tan al día como quisiera.

No es que no se pueda. Pero he caído en un error de bulto: falta de planificación. Este pasado mes de abril se me han juntado varios encargos: la elaboración de los contenidos de un curso de Marketing Directo para Dicampus; impartir tres talleres de Comunicación Organizacional, a instancias de LabRevolución; arrancar el espacio Web de La Villana y poner en orden los contenidos para que la Web de este increíble alojamiento rural vea la luz muy prontito.

Y no, el problema no es que se junten los encargos (eso, en todo caso, es una bendición), sino el exceso de confianza, mezclado con una pizca de soberbia y unas gotitas de ignorancia. A veces, nos sabemos tan bien la teoría, que olvidamos que su única misión es sernos útil a la hora de ponerla en práctica. Ninguna imagen corporativa, marca personal o acción de Marketing funciona si no forma parte de un todo, de un plan que soporte imprevistos y mantenga su consistencia en momentos delicados o de cambio.

En materia de contenidos, trabajar al día tiene sus recompensas: te permite ser más fresco, espontáneo, aprovechar los sucesos de tu entorno para ofrecer mensajes creativos y de actualidad; pero ay, qué bien viene tener algunas letras de conserva en la despensa para esos días en los que ni tu cabeza ni las 24 horas del día dan para más.

Planificar adecuadamente un calendario de publicaciones es básico en cualquier estrategia, ya no solo de contenidos, sino de Comunicación. Así que aquí estoy, cogiendo aire y aplicándome el cuento: la profesionalidad empieza por uno mismo.