No te digo ná y te lo digo tó

''Comunicando' (lustración de Nuria Díaz)

‘Comunicando” (lustración de Nuria Díaz).

Cualquier persona (o casi cualquiera) a la que le preguntes ‘¿Qué es para ti la Comunicación?’, te dirá que es un elemento clave e imprescindible en casi todas las facetas del día a día.

La mayoría nos quedamos ahí: sabemos que es importante, pero no nos molestamos en equiparnos con las herramientas necesarias que nos ahorren el mal trago de hablar, escribir o expresar a/ante/bajo/con/para/por/según/sin/sobre/tras los otros.

No creo en las fórmulas mágicas y he entendido -no sin esfuerzo y grandes dosis de frustración-, que las habilidades sociales, si no se tienen, hay que trabajarlas y si se tienen, también. Las pautas solo sirven si las aplicamos, llegado el momento. La teoría nos la sabemos todos (o casi todos). Vamos comprendiendo que hay que escuchar al otro, que según el contexto ha de utilizarse un lenguaje u otro; la importancia del feedback…. Y bla, bla,bla.

Pero oye, llega el momento de hacer esa llamada importante; o de vernos ante un jefe y tener que explicarle cómo van los proyectos que llevamos; de exponer en público esa presentación a la que hemos dedicado horas de esfuerzo y jornadas de vigilia (de la angustia que nos entraba cada vez que pensábamos en el ridículo que haríamos, llegado el momento). Y ahí, en medio de esa situación incómoda en la que nos gustaría hablar y comportarnos con soltura y naturalidad ante los otros, es cuando toda la teoría que tan bien conocemos, desaparece de nuestro cerebro. Y solo acertamos a titubear, en sentido literal y metafórico.

Entonces desearíamos que algo o alguien entrara en nuestro cerebro y sustituyera la inseguridad, por palabras y actitudes firmes, nuestra sordera; por capacidad de escucha y nuestro monólogo por diálogo. Pues lo siento, pero ese alguien solo puede estar encarnado por nosotros mismos.

Mejorar nuestra capacidad y herramientas de Comunicación está en nuestra mano. Pero para ello debemos ser conscientes de su importancia, en vez de limitarnos a pasarlo mal por nuestras limitaciones comunicativas.

Desde Lab Revolución, en colaboración con Lolo Mántaras, hemos preparado un programa formativo, eminentemente práctico y en el que se abordan soluciones para afrontar los procesos de comunicación desde una perspectiva integral.

Porque todos sabemos que entre lo que piensas, lo que dices, lo que quieres decir, lo que crees decir, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender y lo que entiendes, hay 9 posibilidades (!o más!) de no entenderse. 

Así que no te digo ná y te lo digo tó: ¿a qué esperas para ponerle remedio?

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Experto en Meme Media

Yo meme conmigo...

Yo meme conmigo…

Todo está en Internet, es la herramienta que –supuestamente- ha hecho posible la democratización del conocimiento. Pero a veces tengo la sensación de que, en el día a día, lo único que conseguimos con ese fast food de contenidos, es perder el foco y contentarnos con lo anecdótico: nos quedamos en el meme.

Por ejemplo, mi campo profesional es la Comunicación y por tanto, me interesa el Social Media. Decido formarme, a sabiendas de que hacer un curso, por muy completo, extenso y práctico que sea, no me va a librar de seguir actualizando ese aprendizaje de manera constante.

Y ahí es donde empieza el caos. Hay millones de opciones: más cursos; canales especializados; blogs; tutoriales, ebooks… El problema es la selección y organización de todo ese contenido que –en teoría- me permite estar al día y ofrecer el mejor servicio posible en mi terreno profesional.

Encontrar formación e información útil, que no sea más de lo mismo, pero reformulado (lo que yo llamo contenido Frankenstein), que vaya más allá de unas recomendaciones, un listado de aplicaciones, una infografía o un puñado de frases ingeniosas resulta más complicado que llegar a tocarse la nariz con la punta de la lengua.

Igual es que tengo el día gruñón, pero me da la sensación de que, en esa carrera por ser el primero, por ser diferente, por tener presencia en todas partes, por hacer dinero rápido (aunque sea poco)…, se confunde la calidad con la cantidad. Y eso, no solo devalúa nuestro trabajo, sino que dificulta el acceso a una mejora continua real (que no esté basada en títulos de feria o nombres raros en el perfil profesional) con la que poner en valor nuestro propio conocimiento, más allá de meme.

Perdona, ¿nos conocemos?

Es habitual ir paseando por una calle céntrica o de mucho tránsito y sufrir el abordaje de algún joven alegre y voluntarioso que ‘solo’ te pide unos minutos de tu tiempo. Normalmente se trata de actividad comercial, disfrazada de causa solidaria. Reconozco que a mí me incomoda muchísimo. De hecho, me resulta agresivo que alguien a quien no conozco de nada, me trate con esa familiaridad artificial y claramente interesada. Lejos de despertar mi simpatía hacia su propuesta, genera en mí un rechazo automático.

desconocidos

Y eso es lo que hacen algunas marcas con su estrategia de contenidos o el modo en que gestionan su presencia en redes sociales. Interrumpir, invadir y llenar de ruido los perfiles de los usuarios, esperando que eso genere un aumento de sus ventas. Por eso sienten que la Comunicación Online es una moda, una pérdida de tiempo y de dinero. No van desencaminados: muy probablemente a ellos les esté resultado así. Y no porque las herramientas Social Media no sirvan, sino porque no han entendido (o nadie se ha tomado la molestia de explicárselo) dónde reside la llave de acceso al bolsillo emocional de su público objetivo.

Una buena estrategia de contenidos es aquella que logra transmitir la personalidad de tu marca y conectarla con esas personas que elegirán tu producto -y no el de cualquier otro proveedor-, porque lo que conocen de ti les gusta, se sienten de algún modo, identificados con tu forma de hacer, de contar, de ser.

Eso conlleva, por parte de la persona o personas encargadas de diseñar y ejecutar la estrategia,  un conocimiento profundo de tu producto, y sobre todo, la implicación –en mayor o menor medida- de las personas que dan vida al proyecto.

La hoja de ruta para poner en valor tu inversión en Social Media, pasa indefectiblemente por lo siguientes puntos:

  • AUTOCONOCIMIENTO. Este ejercicio previo a la elaboración de cualquier estrategia es indispensable y, aunque a menudo se da por hecho, no siempre se cumple. Conocer e identificar claramente cuáles son la Misión, Visión y Valores de tu proyecto, es indispensable para poder transferirlo a tus productos o servicios en forma de valor añadido. Y eso tiene repercusión directa en el contenido que compartes.
    Si no tienes clara la personalidad de tu producto o servicio no sabrás realmente qué ofreces ni para qué lo ofreces, ni, por tanto, a quién le puede servir lo que ofreces. Así que tampoco podrás preparar o facilitar al profesional de Comunicación que lo haga, la preparación y ejecución de la estrategia adecuada. En otras palabras: tu maravilloso proyecto está más cerca del ‘The end’ que del ‘To be continued’.
  • HUMANIZACIÓN: tu producto eres tú y el resto de personas que lo hacen posible. Hay quienes emprenden proyectos por inercia. De pronto, algo se pone de moda y hay que subirse al carro. Luego, cuando el negocio fracasa, echamos balones fuera y esperamos a la siguiente moda, a ver si para entonces, tenemos más suerte. Pongo un ejemplo: ¿os habéis fijado en la cantidad de cupcake-terías que han aparecido de repente? Quizá me equivoque, pero no creo que la gran pasión de mucha gente sea hacer magdalenas bonitas. La que despunta y se hace un hueco es esa tiendecita que transmite toda la energía, creatividad y pasión de las personas que la han puesto en marcha. Quizá la única diferencia entre un cupcake y TUS cupcakes sea un pequeño detalle, no sé, añadir pepitas de chocolate en forma de lunas y estrellas, en vez de las normales. Una magdalena es una magdalena, pero en la tuya hay una historia, un hilo del que tirar para que tus clientes te conozcan y te elijan a ti frente al resto.
  • COHERENCIA: Si tu producto o servicio gira en torno a unos determinados valores, hazlo visible en todos tus mensajes o, al menos, no los contradigas con tus acciones. Por ejemplo: si centras tu valor diferencial en la atención personalizada a tus clientes, no envíes un mailing de fidelización, que empiece con: Estimado/a Sr./a Díaz. Demuestra que lo que dices sobre ti mismo es cierto. Es el mejor modo de ganarse la confianza de tu público objetivo y de consolidar una buena reputación de marca.
  • GENEROSIDAD: No hables solo de ti. Comparte contenido que aporte valor a tu comunidad. Imagina que tienes un negocio online de ropa para bebés. En vez de publicar constantemente mensajes que hablen de tu catálogo de productos o de las ofertas del mes, moléstate en combinarlo con otro tipo de información. Por ejemplo, un post sobre la aparición de un nuevo tejido pensado para pieles hipersensibles. No importa que tus prendas estén hechas con el algodóndeldetodalavida, el usuario que tenga un bebé con ese problema, tarde o temprano te lo agradecerá (quizá recomendando tu ropa a otros posibles clientes de su entorno; lo que, muy probablemente, se traduzca en nuevas ventas para tu negocio).
  • INTERACCIÓN REAL: La Comunicación con tus clientes, para ser real, tiene que ser bidireccional. Generar interacción no consiste en obtener ‘likes’ o ‘retuits’, sino en crear un espacio de conversación con el usuario. Eso implica agradecer sus comentarios, resolver sus dudas (no enviando una respuesta tipo, claro) y ofrecerle recursos para ampliar la información que le interesa.
  • RESPETO: hay muchas formas de hacer spam encubierto. No caigas en el error de imponer tu mensaje. Tus clientes potenciales nunca se interesarán por conocerte mejor y alejarás, en vez de fidelizar, a los que habías conseguido. Ganarse la confianza de los usuarios requiere tiempo. Una cosa es publicitarse y otra molestar. Es muy distinto que una marca se presente y te invite a conocerla mejor a través de sus canales sociales (luego ya decidirá el cliente cómo y cuándo interactúa) y otra es que te llegue un mensaje en Facebook de una marca que no conoces de nada, pero que te ‘invita’ a que le des ‘Me gusta’ a su Fanpage.

Al final, lo que consigues con una buena estrategia de contenidos es sembrar en tu target las ganas de conocerte para, finalmente ganarte su confianza: ése es el valor que más ventas te proporcionará. Pero requiere tiempo, dinero y tener muy claro que tu negocio será rentable, en la medida en que sepas demostrar a tus clientes que les ves, les escuchas y te importan.    

 

¿Sabes hacer una presentación?

Batman y Robin

No deja de sorprenderme la actitud pobre y la escasa preparación de algunos ponentes en jornadas, charlas, presentaciones… Sin ir más lejos, hace unos días, en un contexto de inauguración, el representante institucional de turno, se lució leyendo un soporífero discurso de clausura en el que lo único reseñable a su favor, fue ponerse de pie para dirigirse a los allí presentes.

Teniendo en cuenta que el acto simbolizaba la apertura de un programa de actividades, escuchar de boca de ese buen hombre dar las gracias a todas las personas que habían participado en algo que aún estaba por ocurrir, me hizo sentir testigo privilegiado de un suceso digno de ser contado en Cuarto Milenio: ‘La inquietante crónica del futuro pasado’.

Tal como se desarrolló el desacierto discursivo del señor que hablaba, parecía que había ocurrido lo siguiente:

  1. Cargo público encomienda a su secretaria la redacción del discurso.
  2. Secretaria coge un documento de años anteriores que ella misma ha redactado al más puro estilo administrativo y lo refrita, cambiando fechas y algún otro dato con el que maquillar las ojeras del copypaste.
  3. Cargo público se lo pide media hora antes de su exposición, coge la hojita y sale puntualmente a recitarlo, cual niño que lee su poema sobre las estaciones en el festival de Navidad del cole. 
  4. Cargo público se siente orgulloso de su hazaña, tras recibir el caluroso aplauso del auditorio y piensa para sí: ‘¡Qué bien hablo, co—nes!’

Podría considerarse algo gracioso, anecdótico…, pero caray, a mí me resulta preocupante constatar la desidia que transmiten muchas personas a la hora de preparar una intervención pública. Sobre todo, cuando forma parte habitual de su trabajo, como es el caso.

Vale que nuestro sistema educativo (al menos el que a mí me tocó) no fomentaba en absoluto el desarrollo de habilidades comunicativas; vale también que la falta de práctica y de preparación para solventar ese hándicap suele derivar en un círculo vicioso donde la ansiedad que genera en algunas personas la sola idea de imaginarse hablando ante otros hace las veces de freno, en vez de constituir un motivo para solucionarlo.

Pero lo que no vale es salir habitualmente a la palestra, cobrar por ello (directa o indirectamente) y no molestarte ni un poco en preparar algo digno para ti y, sobre todo, para las personas que estarán escuchándote.

Fotograma de la película 'El discurso del Rey'

Colin Firth, a punto de soltar la chapa en ‘El discurso del Rey’.

No hace falta convertirse en un orador profesional ni contratar al logopeda de Colin Firth en ‘El discurso del Rey’, pero hay algunos aspectos básicos que solo requieren un poco de consideración por parte de quien se dirige a una audiencia –sea esta grande o pequeña-. A saber:

  • Cada presentación debe ser única. Una cosa es aprovechar contenido o la estructura de presentaciones anteriores y otra, bien distinta, mantener siempre el mismo powert point, cambiando solo algunos números o fechas. Quizá nadie se haya atrevido a decírtelo, pero tu presentación perpetua les parece aburrida e infumable. El aplauso que te dan es pura cortesía. Su modo de darte las gracias por proporcionarles un tema de conversación con el que hablar con la persona de al lado.
  •  Sabemos leer, gracias. La gente ha ido a escucharte, no a leer un tocho de texto en tus diapositivas. El contenido de la pantalla debe ser una guía, no tu discurso completo. Para eso, se lo mandas por mail y no les haces perder el tiempo.
  • Imágenes o cuadros que no vienen al caso. Rellenar con fotos de gatitos, vídeos eternos y cuadros de cifras ilegibles no aporta más que ruido a tu presentación. El contenido gráfico debe tener un sentido, aportar valor a la narración.
  • Interactúa con tu audiencia. Son personas, no bultos sospechosos. Algunos ponentes salen a recitar lo que traen aprendido de casa, en vez de a contar una historia. Si quieres que te escuchen, debes provocar esa interacción, hablarles a ellos, no al techo, al papel o al atril.
  • Haz caso a Guy. Y usa la regla del 10/20/30. Esto es, 10 diapositivas para 20 minutos de presentación, usando un tamaño de fuente legible, de 30 puntos o mayor, según la fuente que hayas escogido. Insisto en lo de los 20 minutos de presentación. Si los organizadores te han dicho que tienes más tiempo, úsalo generando debate o conversación en el auditorio. Resulta frustrante escuchar una presentación sobre un tema que te interesa y no poder hacer preguntas a los ponentes, por falta de tiempo. Además, las presentaciones largas aburren y merman la calidad del contenido.
  • Cuidado con la improvisación. En tres de las cuatro últimas ocasiones en las que asistí a alguna presentación, varios ponentes se jactaban de haber ido allí sin preparar nada. Quizá pensaran que eso ponía de manifiesto su talento para improvisar, pero a mí lo que me transmitieron fue un absoluto desinterés y desconsideración por el acto al que habían sido invitados y por las personas allí presentes. Puedes improvisar cuando dominas tanto un tema que juegas con él, lo disfrutas y así lo transmites. Pero no te confundas, es la ignorancia la que habla por ti al sentirte tranquilo y orgulloso de ir sin nada preparado y encima, contarlo sin ningún rubor.
  • Sonríe y agradece. Por muy serio que sea el tema sobre el que hables, una presentación no debe convertirse en un velatorio. Sonreír no te va a desprestigiar y hacerlo, de un modo adecuado (tampoco se trata de estar hablando con la sonrisa del mono sabio) te ayudará a empatizar con el público. Por supuesto, y aunque parezca obvio, agradece sinceramente su asistencia y su interés. No me refiero a dar las gracias con un smiley en la última diapositiva de tu power point, sino a una despedida cálida y sincera. La despedida es importante, un mal cierre puede dar al traste con todo el trabajo previo, así que conviene cuidar también este detalle.

Y hay barca pa’ seguir, esto es solo un esbozo. Desde luego, merece la pena molestarse un poco en mejorar nuestras habilidades de comunicación y darle la importancia que merece. Porque ya no se trata solo de librar una vez al año nuestra intervención en unas jornadas, sino del modo en que nos desenvolvemos en cualquier contexto que tenga que ver con las relaciones interpersonales. Y eso al final, lo es todo.

Ahora

Cita

Juntando ahoras…

Ilustración de Aurelio Lorenzo.

Ilustración de Aurelio Lorenzo.

San Juan enciende los nuevos proyectos

La noche de San Juan siempre me ha resultado particularmente especial. Me gusta todo lo que rodea a esta cita. Es un símbolo de renovación. El inicio del verano enciende la sensación de nuevos sueños por estrenar y compartir. Trae luz a proyectos que estaban en sombra y apaga los espejismos.

Uno de esos proyectos que alumbra al fin este solsticio de verano es el espacio Web que he creado para Manuel y Maruja, el alma de las Casinas Rurales de San Martín de Villanueva, en Trevías (Valdés).

Hoy, en la noche más corta, te dan la bienvenida:

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El contenido es el ROI

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No me canso de defender el valor de una buena estrategia de contenidos para una marca, una empresa, un producto… llámalo como quieras. Es el contenido el que da significado a lo que ofreces, el que da pie a que interactúen – contigo y entre sí – las personas a las que les sirve lo que traes. Y en definitiva, si está bien planteado, la mayor fuente de rentabilidad para tu negocio.

Comunicar algo y hacerlo de manera eficaz y útil para todas las personas implicadas en ese proceso es la mejor gasolina para generar resultados positivos que te permitan posicionarte y crecer.

Pero, si bien es cierto que el Marketing de Contenidos forma parte indiscutible del éxito de un proyecto, también lo es que medir esa rentabilidad y traducirla en resultados o cifras económicas concretas resulta difícil de plasmar sobre el papel; sobre todo en el corto plazo, que es como trabajan la mayoría de las empresas a la hora de evaluar el beneficio de sus acciones de Comunicación.

Existen un montón de herramientas y métricas con las que analizar la el recorrido de un simple tuit, un post, un comentario…: cuántas veces se ha compartido, desde dónde, si ha generado alguna respuesta, nuevos seguidores o número de usuarios que han dejado de seguirte a partir de ese comentario… Otra cosa es averiguar su trascendencia, conocer para qué ha servido (si es que ha servido para algo) nuestra inversión y cómo medir su retorno.

El ROI o retorno de inversión es un elemento clave. La finalidad de cualquier actividad comercial es que sea rentable, pero independientemente de que los beneficios de tu estrategia de contenidos se puedan medir al peso, en euros o en engagement, lo que está claro es que sin contenido no hay ROI.  Y es que el Marketing de contenidos va mucho más allá de tener presencia en redes sociales.

Las ventas no se cierran solas, el posicionamiento no se logra por obra y gracia del espíritu santo. Una conversación, una tarjeta de visita, la recomendación de un conocido, la simple descripción en tu Web -o cualquier soporte corporativo- del producto o servicio que ofreces… Todo eso es contenido y tiene mucho que ver en la sostenibilidad económica de tu proyecto a corto, medio y largo plazo.

Contar con una buena estrategia de contenidos, que sea coherente y cuente con la difusión adecuada no es un simple complemento a tener en cuenta, cuando las cosas nos van bien. Puede que la rentabilidad de tu inversión en contenidos sea difícil de establecer, pero lo cierto es que el contenido es, en esencia, el ROI.

 

 

Visionarios

Visionarios

El domingo por la noche es mi momento de tele. Anteayer me enganchó especialmente el programa de Salvados, dedicado a la ley de Transparencia. Como periodista que trabajó durante 4 años en el lado oscuro (así se conoce entre la ‘canallesca’ a los Gabinetes de prensa de la administración pública), me resultó muy interesante el análisis que realizaban los protagonistas del reportaje y me hizo revivir situaciones complejas en las que me hubiera encantado tener a mano algunas de las claves que apuntaban los entrevistados.

Pero no es éste el tema sobre el que iba a escribir. Decía que el domingo por la noche es mi momento de tele, lo que incluye ver el programa de turno y los anuncios de rigor entre zapeo y zapeo. Uno de los spots daba forma a una reflexión que compartí con unos amigos el viernes, sobre la paradoja de quienes van, con sus ideas y su forma de entender el mundo que les rodea, adelantados a su tiempo. Están llamados a tener un papel relevante en el progreso social, pero es justamente la cúpula de abanderados de este progreso, la que frena constantemente su labor.

Los visionarios están gafados. Tienen que lidiar con la incomprensión y las barreras de los ‘porque siempre se hizo así’ que, para mayor desgracia, suelen ser los que deciden si esa nueva forma de ver y de hacer es viable o no, en función de factores que poco o nada tienen que ver con el desarrollo y el bien común.

Otro enorme punto de desgaste para los visionarios es la propia lucha interna. Si nadie cree en ti, es difícil que puedas mantener tus convicciones. Unas convicciones que además, suelen ser inversamente proporcionales al crecimiento de tus ingresos. Y oye, lo de tener que escoger entre marca pija o marca blanca, pase, pero lo de quedarse sin comer es más complicado de conciliar con esas ideas peregrinas que a algunos se les ocurren…

Pero no desesperéis, visionarios del mundo. Dentro de unos cuantos años vuestras ideas serán reconocidas, aunque sea atribuyéndoselas a los mismos que en su día os dijeron: ‘No lo veo’. Pena que, para entonces, sea tarde. 

Creatividad y desarrollo social

La creatividad como agente de cambio.

La creatividad como agente de cambio.

Estos días ha estado por aquí Charles Landry, en el marco de su segunda visita para comprobar el índice creativo dela ciudad de Gijón.

En ese trajín de itinerarios, encuentros y conversaciones… nos dejó -a quienes tuvimos la suerte de poder escucharle e intercambiar con él algunas de nuestras opiniones- un puñado de pistas sobre cómo desenmarañar ese hilo clave con el que tejer un modelo de desarrollo adaptado a la realidad 3.0: una economía basada en la cultura y la creatividad eficiente.

Pienso que no es un problema de mentalidad; las ideas, el combustible para el cambio están ahí. Somos muchas las personas que entendemos, bien por convicción, bien por imposición de la realidad (el sistema antiguo no nos sirve, al menos no a la mayoría) que para crecer debemos utilizar y potenciar otro tipo de competencias, más allá de tener una formación superior y no salirse del camino marcado. Pero falta acción y compromiso por parte de aquellos quienes, bajo el paraguas de la gestión, aún se aferran a un modelo caduco y desgastado.

La creatividad ha dejado de ser eso que usaban los que optaban por dedicarse al arte y otras ocupaciones accesorias, para convertirse en una herramienta de supervivencia.

De eso precisamente hablaremos esta tarde en la jornada: ‘La creatividad como agente de cambio’, en el marco de las actividades de la iniciativa Gijón Creativo.

Los queráis asistir, podréis hacerlo a partir de las 19:00 en el local de LabRevolución (C/San Antonio, 13, Gijón).

¡Os esperamos!

Marketing Social de Contenidos

MkSocialContenidos

Fuera de la burbuja de la Comunicación Social Media, a muchas personas de mi entorno les cuesta entender a qué me dedico. Explicar en qué consiste el Marketing Social de Contenidos no es especialmente difícil, pero todo lo que no suene a rentabilidad a corto plazo, continúa generando confusión y desconfianza. Y claro, hablar de solidez corporativa, de generar conversación o valor añadido a través de la creación y difusión de contenidos que toquen el corazón del usuario y no directamente su bolsillo, no ayuda mucho a derribar ese muro de escepticismo popular.

En general, se sigue viendo el Marketing y la Comunicación, más como un elemento accesorio, que como un factor clave en el posicionamiento y la rentabilidad de cualquier marca (incluida la propia, la marca personal). De ahí que, habitualmente, cuando las cosas van mal en una empresa o entidad este departamento es de los primeros es irse al traste.

Esto, por suerte y gracias al empeño de muchos profesionales por dignificar y poner en valor la importancia de contar con una adecuada estrategia de Comunicación, está cambiando. Se va entendiendo que gestionar bien la relación de una marca con los usuarios quizá no genere beneficios a corto plazo, pero puede evitar importantes pérdidas -sobre todo en términos de imagen y reputación- que se traducirán, sin duda, en un menoscabo económico.

En un mercado como el actual, donde un producto tan básico y aparentemente sencillo de comercializar como la leche cuenta con una docena de variedades y más del doble de marcas que la ofertan, no cabe pensar en métodos tradicionales de publicidad, donde bastaba con decirle al consumidor lo bueno que era nuestro producto para que lo comprase.

Los mercados son conversaciones y para que éstas sean rentables –tanto para las marcas como para los consumidores- hace falta escuchar, en vez de imponer. Esa escucha activa es el germen del valor añadido de un producto o servicio; de ahí nacen las mejoras o modificaciones que me permitan algo más que tener un éxito de ventas puntual.

Hoy día, las personas (en función de su capacidad adquisitiva, claro está) tenemos acceso a cualquier tipo de artículo; nuestra elección por una u otra marca no es casual. Los atributos intangibles, esos que tienen que ver con los valores personales, el estilo de vida, gustos, experiencias, nivel cultural… son los que pueden diferenciar nuestro producto de la competencia, hacer que sea el elegido. Y el mejor modo de transmitirlo es sembrando el mensaje adecuado, ese capaz de llegar a nuestro cliente y hacerse visible en medio de la vorágine de ruido digital con que otros le bombardean.

A eso es a lo que me dedico, a crear contenido de valor para conectar a las marcas adecuadas con las personas adecuadas, en función de los objetivos de unas y las necesidades, demandas y deseos de otras.