Contadores de estrellas

el contador

El contador de estrellas.

A veces, creo que Andrés Pérez Ortega está conectado con alguna habitación de mi pensamiento. Comparto buena parte de las reflexiones que expone en su blog y me gusta cómo argumenta y desarrolla las ideas, cómo teje el contenido.

Su post de hoy, No controlesafianza mi escasa devoción por los contadores de estrellas.  Esa obsesión por contar, medir, paquetizar… No sé, creo que nos perdemos en la parte por el todo. Si lo extrapolamos al universo del Social Media o, en realidad, a cualquier objetivo que uno se proponga (ya sea a nivel individual o colectivo), es necesario establecer referencias, puntos de control, en definitiva, medir. De otro modo, llegar a la meta, será pura casualidad. Pero, convertir esos datos en un objetivo en sí, ya me resulta más complicado de entender y aplicar.

El mundo de la Comunicación profesional -que es el que conozco un poco- ha tenido que reinventarse; pero, a pesar de la revolución y la apertura de mercado que debería haber supuesto el Social Media para el sector, seguimos siendo la hermana pobre. Esto es, mientras no puedas demostrar que tus servicios se traducen en beneficio económico a corto plazo, las empresas (o las personas que las forman) te seguirán considerando un lujo y no un básico. Un adorno. Creo que la fortaleza de una estrategia de comunicación adecuada reside en las pérdidas que puede evitar (no sólo económicas), más que en las ganancias cortoplacistas. Pero éste es otro post.

Volviendo al tema que nos ocupa, quizá es ese afán por demostrar la valía de las acciones de Comunicación vinculadas a Internet, el que nos lleva a simplificarlo en estadísticas (a menudo ininteligibles para el propio cliente). Ya se sabe, los números mandan, mal que nos pese a los de letras. Y en esta maraña de aplicaciones, programas, informes estadísticos, número de followers, visitas, visitantes, visitas por persona, tiempo de permanencia… En la práctica, se pierde lo esencial, el sentido de esas acciones en un determinado contexto.

Estoy convencida de que, coherentemente utilizadas, esas herramientas de medida resultan muy útiles, pero lo que percibo, a través de incontables post al respecto; mediante las intervenciones de personas que conozco y que se dedican profesionalmente al Social Media es todo lo contrario: en vez de ubicar, dispersan. Al final, acabamos ofreciendo SEO, en vez de Comunicación, olvidando que lo primero debe estar al servicio de lo segundo.

– Pero ¿qué haces con todas esas estrellas?
– Nada, las poseo.
– Yo – agregó – poseo una flor que riego todos los días. Poseo tres volcanes que deshollino todas las semanas. Porque deshollino también el que está apagado. Nunca se sabe. Es útil para mis volcanes, y es útil para mi flor, que yo los posea. Pero tú no eres útil para las estrellas.

(Extraído de ‘El contador de estrellas’. Capítulo 13 de ‘El Principito’. Antoine de Saint-Exupéry)

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Un día cualquiera

El Principito y su rosa

A veces, la vida duele. Escuece, como esos pequeños trocitos de piel que se desprenden del borde de la uña. Dan ganas de seguir tirando, porque en nuestra ingenuidad vital, pensamos, soñamos, que si arrancamos del todo esa telilla desprendida -suelta, sola-, el dedo, el alma, dejará de dolernos, de pedirnos una tirita y un poco de yodo que desinfecte la herida y se lleve lo rojo, lo hinchado, lo malo.

Esa vida es la misma que a veces, grita y late furiosa, como queriendo desgarrar lo que nos queda. Le ocurre como a la tarde  de cada día, cuando las sombras la ahogan ligeras, pero implacables; y entonces, como por arte de metástasis, lo negro la viste, eso sí, bien elegante, con estrellas, a modo de lentejuelas. Y nos dejamos mecer, en brazos de este fúnebre cortejo. Su arrullo nos acuna despacio, en un ciclo eterno donde la vida, a veces, duele.