Marketing Social de Contenidos

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Fuera de la burbuja de la Comunicación Social Media, a muchas personas de mi entorno les cuesta entender a qué me dedico. Explicar en qué consiste el Marketing Social de Contenidos no es especialmente difícil, pero todo lo que no suene a rentabilidad a corto plazo, continúa generando confusión y desconfianza. Y claro, hablar de solidez corporativa, de generar conversación o valor añadido a través de la creación y difusión de contenidos que toquen el corazón del usuario y no directamente su bolsillo, no ayuda mucho a derribar ese muro de escepticismo popular.

En general, se sigue viendo el Marketing y la Comunicación, más como un elemento accesorio, que como un factor clave en el posicionamiento y la rentabilidad de cualquier marca (incluida la propia, la marca personal). De ahí que, habitualmente, cuando las cosas van mal en una empresa o entidad este departamento es de los primeros es irse al traste.

Esto, por suerte y gracias al empeño de muchos profesionales por dignificar y poner en valor la importancia de contar con una adecuada estrategia de Comunicación, está cambiando. Se va entendiendo que gestionar bien la relación de una marca con los usuarios quizá no genere beneficios a corto plazo, pero puede evitar importantes pérdidas -sobre todo en términos de imagen y reputación- que se traducirán, sin duda, en un menoscabo económico.

En un mercado como el actual, donde un producto tan básico y aparentemente sencillo de comercializar como la leche cuenta con una docena de variedades y más del doble de marcas que la ofertan, no cabe pensar en métodos tradicionales de publicidad, donde bastaba con decirle al consumidor lo bueno que era nuestro producto para que lo comprase.

Los mercados son conversaciones y para que éstas sean rentables –tanto para las marcas como para los consumidores- hace falta escuchar, en vez de imponer. Esa escucha activa es el germen del valor añadido de un producto o servicio; de ahí nacen las mejoras o modificaciones que me permitan algo más que tener un éxito de ventas puntual.

Hoy día, las personas (en función de su capacidad adquisitiva, claro está) tenemos acceso a cualquier tipo de artículo; nuestra elección por una u otra marca no es casual. Los atributos intangibles, esos que tienen que ver con los valores personales, el estilo de vida, gustos, experiencias, nivel cultural… son los que pueden diferenciar nuestro producto de la competencia, hacer que sea el elegido. Y el mejor modo de transmitirlo es sembrando el mensaje adecuado, ese capaz de llegar a nuestro cliente y hacerse visible en medio de la vorágine de ruido digital con que otros le bombardean.

A eso es a lo que me dedico, a crear contenido de valor para conectar a las marcas adecuadas con las personas adecuadas, en función de los objetivos de unas y las necesidades, demandas y deseos de otras.

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Te doy mi palabra

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‘La palabra marca la diferencia’. Esta fue una de las frases con las que Antonella Broglia, directora de los TdxMadrid concluía el jueves pasado su Masterclass en el programa de RTVE AlaskayCoronas.

Disfruté cada segundo de su intervención. Era como sentir que una desconocida muy cercana entraba en mi pensamiento y lo ponía en valor, prestándole su voz, hilando un discurso magnético sobre el poder conector y movilizador de la palabra.

Acostumbrada a leer o escuchar sobre fórmulas infalibles para captar y mantener la atención de cualquier audiencia, Broglia convirtió un acto tan sencillo y cotidiano como contar una historia en algo mágico. (Si tienes peques a tu alrededor, aprovéchate. No hay audiencia más exigente y te dan la oportunidad de practicar casi a diario).

Usando la anécdota del apuñalamiento que casi cuesta la vida a Martin Luther King a manos de una mujer negra, Antonella Broglia desgrana los aspectos recurrentes de un buen discurso. Lo hace fácil, sin caer en la simplicidad de los formulismos genéricos. Nos dice, en suma, que usemos aquello que nos mueve para compartirlo con aquellos que han venido a escucharnos.

No hay nada nuevo en esos elementos presentes en cualquier intervención exitosa:

  • Un buen arranque: el comienzo de tu historia tiene que retener el interés que durante los primeros minutos te regalan quienes escuchan. Clavarse en su atención, como el puñal que casi atraviesa la aorta de Luther King.
  • Proponer lugares comunes: una anécdota, una metáfora, una imagen que ponga en situación a quienes nos escuchan, algo que facilite la comprensión del mensaje. La radiografía que muestra que, por un milímetro, la hoja del cuchillo no atravesó la aorta del protagonista, es sustituida en su historia por un estornudo. “Si yo hubiera estornudado, habría muerto”.  Algo tan inofensivo como un estornudo marca la diferencia entre la vida y la muerte. Esa idea cala mucho más que cualquier informe médico o detalle técnico. 
  • Vulnerabilidad: mostrar nuestra debilidad nos hace humanos, nos acerca a los otros. Da igual cuánta fama o prestigio tengamos, todos estamos expuestos al sufrimiento, al dolor, a la vergüenza o los miedos… Dejémoslo entrever en nuestra presentación. Así generaremos empatía y una mayor receptividad ante lo que estamos contando. 
  • Repetición: Usemos esa anécdota para que prenda nuestro mensaje. Todos los hitos importantes en la labor por los derechos civiles que desarrolló Luther King, podían haberse ido al traste por un simple estornudo. “Si hubiera estornudado, no habría estado presente en…, ni en…, o en…”. 
  • Implicación: no se puede convencer a nadie de algo sobre lo que tú no estás absolutamente convencido. La pasión es contagiosa. Hablar sobre aquello que nos mueve es el mejor ingrediente para sembrar el cambio en los otros, llevarles a la acción.

Esta Masterclass de Antonella Broglia tenía como excusa el fenómeno social de los selfies. Se dice que una imagen vale más que mil palabras, pero, como la propia Antonella dice al final de su intervención:

“En esta época de repetición obsesiva de las imágenes es la palabra la que vuelve a dar especificidad a las historias, la que hace que cada historia sea diferente”.

No puedo estar más de acuerdo. Te doy mi palabra.

Éxito = cerebro + corazón + un par de…

Cerebro, corazón y… experiencia es la palabra que elegí para completar el texto de la página de inicio de mi proyecto de Marketing Social de Contenidos. Cuando estaba a punto de ‘soltar’ la Web, le comenté (bastante agobiada) a mi amiga y salvadora Natalia Quintanaque no me convencía el aspecto de la imagen corporativa del proyecto. Concretamente, le dije que el dibujo de los globos de contenido me recordaban a un par de…. (puestos al revés)

Bueno, juzgad vosotros mismos:

Mi nueva Web: Tráfico de Emociones

Página de inicio de: Tráfico de Emociones

El caso es que hoy, revisando mi muro de Facebook me he topado con esta ilustración de Typewear

En Tráfico de Emociones estamos cocinando...

En Tráfico de Emociones estamos cocinando…

Y oye, qué feliz coincidencia. Realmente, y hablando mal y pronto, además de corazón, cerebro y experiencia, echarle ‘un par’ a las cosas que hago y a los retos que se me presentan es algo que también me caracteriza, así que bueno, pretendidamente o no, me siento totalmente identificada con el logo de la Web (que por cierto, es de Manu Vaca).

Sobre si la receta funciona o no, aún estamos cocinando… 

Increíbles

Syndrome, el malo de 'Los Increíbles'

Syndrome, el malo de ‘Los Increíbles’

Una herramienta indispensable en la Comunicación Corporativa, ya sea Online u Offline es la generación de contenidos. En realidad, yo diría que es LA HERRAMIENTA. Porque al final, el contenido, se presente de un modo u otro, es el elemento de conexión con aquellas personas ante las que te interesa hacerte visible y entablar conversación. Esto es, interactuar con el usuario y ganarte su confianza, de manera que a corto, medio, largo plazo, esa ‘charla’ derive en acción productiva para ambas partes.

La generación de contenidos, planificada o no, es el mensaje, lo que tengo como empresa o proyecto para presentarme ante el mundo, decirle en qué puedo serle útil y convencerle de ello.  

Por eso, no deja de sorprenderme la inoperancia con que muchas entidades (en suma, personas), elaboran el contenido que nutre su puesta en escena.

No se trata de sacar los colores a nadie; para empezar, porque en esto de las relaciones interpersonales (que son la base de la Comunicación) el dogma sobra; no hay bien o mal, ni fórmulas que garanticen el éxito de ninguna estrategia.

Pero, a juzgar por la multitud de mensajes corporativos que nos inundan a diario, salta a la vista -y también al oído, al cerebro y al corazón- que muy pocos emisores se toman la molestia de conocer al destinatario, de manera que el mensaje se elabore pensando en sus necesidades y no en el ego del propio emisor.

No hace falta ir a buscar ejemplos. Tenemos nuestros muros de Facebook, TL de Twitter, bandejas de entrada… repletos de mensajes abrumadores, casi agresivos, que buscan imponer, más que convencer o mostrar.

¿Quieres convencerme de lo bueno que eres y la falta que me haces? No me digas que eres increíble, demuéstramelo. De lo contrario, puede que te crea.

 Increíble, según la RAE.

1. adj. Que no puede creerse.

2. adj. Muy difícil de creer.

¿Amigos?

‘Amistad’, según la RAE: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
Ejemplo gráfico de 'amistad'

Ejemplo gráfico de lo que viene siendo la ‘amistad’, de toda la vida.

Hace unos días, comentaba con mi amiga Ángela (en la foto, la de la derecha), al hilo del aluvión de morralla felicitadora navideña, el absurdo al que estamos reduciendo una herramienta tan potente como la Comunicación Social Media. Nos quejamos del ruido social y de lo difícil que resulta acceder a contenido útil, original y de calidad, pero generamos mucho de ese bullicio molesto e incoherente.

En su día, creé mi perfil de Facebook de manera experimental y me convencí de que era un canal de comunicación sencillo de controlar y gestionar (ingenua de mí). A fin de cuentas, era una cuenta personal, en la que yo decidía lo que compartía y con quién. Cinco años después, tengo unos 90 ¿amigos? (que en comparación con otros usuarios es una cifra insignificante, lo sé); la mayoría, fruto de la interacción con personas que se desenvuelven profesionalmente en el ámbito de las RRSS y de otras circunstancias puntuales (formación, desempeño laboral…) a partir de la cual se generan grupos de trabajo.

No suelo enviar solicitudes de amistad. Me resulta violento, si lo que me une al solicitado es poco/nada o, sencillamente espero conseguir de nuestra reciente y al mismo tiempo profunda amistad que le de al ‘Me gusta’/’Compartir’ a todo lo que se mueva en mi Fanpage. El caso es que no todo el mundo lo entiende así, y ese trasiego de solicitudes a la brava ha convertido mi perfil ‘feisbukero’ en una especie de usuario Frankenstein, donde confluyen grados de relación y contenido muy dispares entre sí.

Bueno, en realidad creo que el propio Facebook ha devenido en una red que poco o nada tiene que ver con su ‘amistoso’ planteamiento inicial. Al final, las redes sociales son empresas e implementan o absorben aquello que funciona bien en su competencia. Cada vez se parecen más unas a otras; algo que, a mi entender, las desvirtúa y les resta utilidad.

Creo que lo estamos haciendo mal; asumo la parte que me toca: tan absurdo es enviar solicitudes de amistad a personas que no conoces, como aceptarlas. Y también creo que tras ese comportamiento incoherente subyace, por un lado, la idea de que más es mejor, y por otro, el exceso de buenrollismo cínico que convierte el uso de redes sociales en una batalla por conseguir ‘Amigos’ ‘Fans’ ‘Me gustas’, ‘RTs’, ‘Repins’ o ‘Recórcholis’, relegando la Comunicación Social Media a una especie de Todo a Cien.

Supongo que hacer un uso realmente productivo, respetuoso y coherente de las RRSS exige tiempo y no produce resultados inmediatos sobre las estadísticas y los egos, pero temo que esa forma de utilizar y consumir el contenido social, sea el oxígeno que infle el globo hasta hacerlo estallar.