Alicias

alicias-2¿Qué tiene de extraño quedarse dormida en un prado al sol, a la hora de la siesta? Aún es verano, se puede soñar con conejos blancos, reinas de corazones y gatos de sonrisa misteriosa.

Al otro lado de la madriguera, solo aguarda el otoño, plagado de hojas, preñado de invierno doble.

En cambio aquí, en este reducto de azul y otros viejos colores, la ceguera está bien vista. ¿Qué importa lo que viene después, mientras podamos imaginar los sueños de ahora?

En este cuento, hay tantas Alicias como madrigueras. Y todo en ellas es distinto: su pelo, sus ojos, su ropa de niña bien… A veces, amanece castaña, de ojos pardos, vestida de lunes. Y busca desesperada un ‘Bébeme’ que la empequeñezca, hasta casi desaparecer. Otras, ni se la ve. Aguanta la respiración, se mantiene oculta entre el ejército de muñecas estándar, como hierba entre las hierbas. Y si una brisa la mueve, pide perdón por empujar, en vez de preguntarse si alguna vez podrá importunar por sí misma, sin falta de otros aires.

Ahí, al borde del deshielo, puedes ver a otra; sí, justo esa, la que tiembla de calor. Ha ingerido una extraña poción; esa que encierra tu pensamiento en un cuerpo bobo. Y en un intento de fuga, Alicia grita: “Estoy lista. ¡Que me corten la cabeza!

Mientras haya páginas

Libroescultura de Su Blackwell.

Libroescultura de Su Blackwell.

Estamos diseñados para desaparecer. Somos arquitectura efímera, espacios pasajeros, fáciles de transportar, como stands de una feria. Esperamos plantados en un lugar, más o menos estratégico, a que alguien se nos acerque y se interese por ver qué ofrecemos.

En ese intercambio, mostramos nuestros proyectos. No estafamos a nadie, sólo buscamos con quién construir las certezas que darán sentido a nuestros pasos.

Una cajita de herramientas y algunas fichas con las que montar el coche, la casa, el niño y el perro, es todo lo que tenemos para cumplir una misión que ni siquiera elegimos. Pero a veces, las más, faltan o sobran tornillos, piezas, palabras y ganas. En otras ocasiones, logramos construir ese pequeño universo fantasma, un espejismo que luego, pasado el periodo de garantía, comenzará a estropearse, sin recambio ni devolución del tiempo invertido.

Pero igual, soñamos, nos reinventamos y, al abrigo de pequeñas dosis de consciencia, somos capaces de reactivar la capacidad de sorpresa, cambiando las certezas por preguntas donde importa más la búsqueda que la respuesta en sí.

Sólo así, abrazando a la incertidumbre como compañera de viaje, perderemos el miedo a tejer nuestras propias historias, aunque sean de papel. Aprovechemos, mientras haya páginas.