Mi caja de herramientas

Building workLa Comunicación es, por suerte, una caja profesional tan grande que dentro de ella caben muchísimas líneas de desarrollo. Y es que, si nos paramos a pensarlo, todo es comunicación o al menos una parte esencial de cualquier contexto en el que haya personas implicadas.

Esa universalidad que la caracteriza es, a la vez, fortaleza y lastre. Fortaleza: porque la convierte en base del progreso y del desarrollo, a todos los niveles, de nuestra sociedad; lastre: porque parece que en materia de comunicación, pesa más el tamaño de la caja -el significante-, que el contenido –el significado. Sigue leyendo

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Autogiros

Foto finish TedxYouth Gijón. Foto de Yerai Menéndez

Foto finish TedxYouth Gijón 2014.  La foto es de Yeray Menéndez

La mente es caprichosa. Gestiona los tiempos, según la edad y el estado del ánima. Un minuto, a veces es eterno, mientras que venteañosnoesnada,y de pronto la vida pasa así, modo Gardel, a ritmo de tango y suspiros.

Pensaba escribir este post hace al menos tres semanas, pero supongo que no me di permiso. Y aunque luzca desfasado y noviembre ya no esté, quiero rendirle homenaje. El mes 11 -o 434, según se mire- vino cargadito de experiencias positivas, cierre de ciclos y cuadratura de círculos. Sigue leyendo

Éxito = cerebro + corazón + un par de…

Cerebro, corazón y… experiencia es la palabra que elegí para completar el texto de la página de inicio de mi proyecto de Marketing Social de Contenidos. Cuando estaba a punto de ‘soltar’ la Web, le comenté (bastante agobiada) a mi amiga y salvadora Natalia Quintanaque no me convencía el aspecto de la imagen corporativa del proyecto. Concretamente, le dije que el dibujo de los globos de contenido me recordaban a un par de…. (puestos al revés)

Bueno, juzgad vosotros mismos:

Mi nueva Web: Tráfico de Emociones

Página de inicio de: Tráfico de Emociones

El caso es que hoy, revisando mi muro de Facebook me he topado con esta ilustración de Typewear

En Tráfico de Emociones estamos cocinando...

En Tráfico de Emociones estamos cocinando…

Y oye, qué feliz coincidencia. Realmente, y hablando mal y pronto, además de corazón, cerebro y experiencia, echarle ‘un par’ a las cosas que hago y a los retos que se me presentan es algo que también me caracteriza, así que bueno, pretendidamente o no, me siento totalmente identificada con el logo de la Web (que por cierto, es de Manu Vaca).

Sobre si la receta funciona o no, aún estamos cocinando… 

Tu empresa está en redes sociales, ¿y de qué te sirve?

“Los Social Media son como el sexo adolescente. Todo el mundo quiere hacerlo, nadie sabe cómo y, cuando por fin lo hace, se sorprende de que no sea para tanto”. (Avinash Kaushik, analista de Medios Sociales)
Imagen usos redes sociales

¿Para qué sirven las Redes Sociales?

Hace unos días asistí a las I Jornadas SmartDays, celebradas en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Entre otros muchos aspectos relacionados con el Social Media, se puso de manifiesto algo que, de puro obvio, parece que se nos escapa a los profesionales de la Comunicación: trabajamos con herramientas cuya rentabilidad no sabemos -o no consideramos necesario- explicar a sus beneficiarios, ya sean estos reales o potenciales.

El oportunismo, la crisis y el desconocimiento tienen mucho que ver en este caos media reinante. Se ha generado tal ruido con esto del Marketing Online y la presencia de las marcas (sí, olvídate de ser empresa, en el mundo del Marketing, tu gente y tú sois una marca) en Internet, que da la sensación de que se está por estar, sin un objetivo claro, o peor aún, esperando que quien ¿gestiona? vuestra presencia en la red haga magia y aumente las ventas en un par de meses, solo porque os han abierto un perfil en Facebook, otro en Twitter y uno de regalo en Google +, compartiendo: -en el mejor de los casos- contenido original, pero que poco o nada tiene que ver con los valores de tu marca; o contenido de terceros, tan archicompartido por otros o tan obsoleto, que el periódico de ayer le resultaría más novedoso y atractivo a tu impresionante cifra de seguidores de humo (sí, ese listado de personas que le han dado al ‘Me gusta’ por compromiso o porque esperan que les tengas en cuenta como candidatos a la oferta de empleo que acabas de anunciar).

El Social Media no va de vender, sino de generar conversación; de decirle a los usuarios, a nosotros mismos como parte de ese colectivo (todos, a fin de cuentas, somos clientes de otros) que su opinión -la mía y la tuya- cuenta e influye en la mejora de eso que, como marca o empresa pones a mi disposición.

Creo que es hora de que las empresas, las marcas o como quieras llamarlo, comiencen a entender de qué va todo esto de la Comunicación Social. Y no comprendo por qué los profesionales de la Comunicación no damos más importancia a ‘evangelizar’ sobre la importancia y las ventajas a corto, medio y largo plazo de una buena hoja de ruta (la palabra estrategia siempre me ha sugerido una connotación negativa) comunicativa, antes que a imponer con ruido, promesas de venta rápida, SEO/SEM y estadísticas infladas unos servicios que, planteados de este modo, solo conducen al estancamiento de las marcas y al descontento de los usuarios/consumidores.

Algo de mí

Estos días estoy revisando muchos aspectos de mi vida. Como te contaba aquí, ha terminado un año de tránsito y comienza otro de acción. Creo que, en cierto modo, estoy mudando la piel. Es por eso que me apetecía revisar quién soy, lo que traigo, y reescribirlo, para que me conozcas algo mejor. Así que ahí va: algo de mí.

suslagoblogMe llamo Susana Lago y las palabras son mi elementomi ‘para qué’.

Podría adornar esta presentación, explicando que soy licenciada en Periodismo, que tengo un Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías; formación en Community Management y una experiencia profesional de 14 años en distintos ámbitos de la Comunicación.

No mentiría, todo eso es cierto y, de algún modo, es lo que me ha llevado hasta aquípero no creo en los mensajes meramente informativos. Son solo datos, un decorado; no hablan de . De la mezcla de orgullo e impotencia que experimenté cuando, después de entregar una redacción sobre ‘La Locura’ en 5º de EGB, mi profesora me regañó convencida de que la había copiado de algún sitio. Ni de la angustia que me invade cuando salgo de casa sin un cuaderno donde anotar ideas, observaciones, una reflexión. Tampoco del placer que me produce, después de compartir un texto, recibir feedback de alguien que no conozco y saber que mis palabras le han llegado, que de algún modo, le han servido porque se siente identificado o porque le han sido de utilidad. Ya sea un artículo, una entrevista, un reportaje, un post, un (en apariencia sencillo) tuit… Da igual, lo importante es que condense o despierte alguna emoción, que comunique de verdad.

Esa información estandarizada, llena de ‘hice esto’, ‘me gradué en aquello’, ‘tengo estas habilidades y competencias’ y lo de más allá… Todo eso, no sabe que crecí, siendo la pequeña de las tres hermanas Lago (con ellas he aprendido cosas mucho más importantes de lo que ningún título ha podido enseñarme jamás). Ignora que (nublado mi pensamiento con el primer amor de adolescencia) no recordé, hasta bien entrada la noche de un domingo, que al día siguiente debía entregar una lámina de elipses para la clase de Dibujo Técnico. Ante semejante crisis, corrí a la despensa y allí estaba mi salvaciónuna hermosa y elíptica lata de mejillones. Nunca un Notable me supo tan bien (y qué decir de los mejillones…).

Ése, el que habla de mí, de ti (que no somos tan distintos) es el tipo de contenidos que importan. Los que aportan valor a las personas.

Y eso es lo que sé hacer mejor: valerme de la palabra escrita para construir textos que respiren. Que te sirvan (me sirvan, nos sirvan) para conectar con las personas a las que quieres llegar.

Por eso he creado este sitio; un espacio donde fluya el Tráfico de Emociones;

porque las palabras, si están quietas, si no te mueven por dentro, no sirven para nada. 

 

 

El ataque de los muñecos parlantes

Esta mañana me ha llamado una amiga, muy agobiada por tener que sustituir a su jefe en una presentación pública sobre la actividad de su empresa. Le pregunté cuál era el problema. En seguida la comprendí: la exposición es mañana y todo el material de que dispone es un documento en Power Point reciclado de años anteriores, lleno de gráficas y estadísticas ininteligibles. El único consejo que he podido darle es que intente humanizar la información al máximo posible y empatizar, utilizando para ello todos los recursos a su alcance, con su público.

A tenor del caso de mi amiga, aprovecho para compartir con vosotros un artículo que publiqué en EspaciosBlog sobre la importancia de la audiencia, como elemento clave, a la hora de elaborar y realizar una presentación, sea ésta del tipo que sea.

Imagen de la película 'Dead of Night'

Imagen de la película ‘Dead of Night’.

En nuestro día a día, surgen continuas ocasiones para hablar en público. Es algo, para lo que, en general, no nos sentimos conscientemente preparados y a menudo, nos aterra la idea de ponernos ante un auditorio, sea grande o pequeño. De sólo pensarlo, nos entra el tembleque, sudores fríos, angustia que se manifiesta como un puñetazo en la boca del estómago… Si pudiéramos, venderíamos nuestra alma al diablo para evitar pasar el trago… ¿Te suena esta sensación?

Da igual cuál sea el contexto: un examen oral; una charla; una presentación para los jefes de tu empresa o un posible cliente; un discurso de cierre o apertura en una ceremonia… En realidad, si te paras a pensar, cada día nos exponemos hablando ante los demás, aunque sea para pedir una barra de pan en la tienda de la esquina.

Bien, puede que sientas mucha ansiedad antes, durante y después de hacer tu intervención, pero eso no te va a librar de ella; así que, no malgastes tu energía, recreándote en tus inseguridades e inviértela en preparar una presentación que tenga sentido para ti, pero sobre todo para tu audiencia (esté formada por cuatro o por cuatrocientas personas).

Respetar al respetable

Al igual que se nos presentan multitud de ocasiones para hablar ante otros, tenemos aún más experiencia del otro lado, como público. Ése es el rol más importante a tener en cuenta para preparar una exposición que sirva de algo, más allá de rellenar, como sea, tu tiempo de intervención.

Haz memoria y piensa en las últimas presentaciones a las que has asistido como público. Habrá algunas que te habrán gustado y otras en las que has aguantado en la sala hasta el final, porque no te quedaba más remedio o porque no elegiste el asiento del pasillo y te daba corte levantar a toda la fila para poder huir de allí.

De las que te hayan gustado, ¿qué es lo que mantuvo tu atención? ¿Qué pensabas de esa persona mientras hablaba? Seguro que no se te pasó por la cabeza ninguno de los juicios a los que te sometes a ti mismo, cuando te imaginas hablando en público. Incluso, aunque el ponente sufriera un percance (como darse cuenta de que lleva la bragueta abierta), si era un buen orador, habrá sabido utilizarlo para conectar aún más con su público, ya que algo así le puede pasar a cualquiera. La debilidad nos hace humanos, nos acerca a los otros, genera confianza, nos iguala.

Y ahora, haz el ejercicio contrario. Piensa en esa presentación en la que, a pesar de lo prometedor o relevante del tema, resultó tediosa e interminable. En esa ocasión, en que te has sentido atrapado en el bucle de un Power Point imposible, lleno de gráficas y diagramas ininteligibles o fuera de contexto. Todo ello aderezado con la monótona explicación que emergía de la boca de un muñeco parlante, cuyas pilas parecían no agotarse nunca. En estos casos, sales de la charla con la sensación de que te han tomado el pelo. Has malgastado tu tiempo, tu dinero o, a lo peor, las dos cosas.

En ambas situaciones, la clave reside en cómo el ponente conecta con su público. No es tanto, dominar a la perfección el arte de la oratoria, como de conocer mínimamente al otro y ponerse en su lugar.

Hay otros muchos factores a tener en cuenta a la hora de preparar una charla que no se convierta en una tortura, pero mostrar consideración hacia tu audiencia, es la mejor garantía de que tu propuesta llegará, será comprendida y aportará algún valor. De ese modo, tu tiempo, nervios y esfuerzo habrán servido para algo más que para convertirte en protagonista de un nuevo episodio del terrible ataque de los muñecos parlantes.

Llévate a tu Hemingway contigo

Conversando con Hemingway

Conversando con Hemingway

Esta mañana, he llegado por casualidad a un texto que me ha reconciliado con un personaje del pasado y también con una parte esencial de mí misma.

Rosa, una niña del cole un tanto problemática (con el tiempo comprendí que cualquiera en sus circunstancias hubiera sido “problemático”), la tomó conmigo durante sexto curso. Un día nos medio peleamos y, tras un leve forcejeo, le pregunté por qué la tenía tomada conmigo. Me contestó que le caía mal porque hablaba como una persona mayor. No entendí qué quería decir con eso, pero desde esa tarde, empecé a sentirme incómoda con mi forma de expresarme.

Mentiría si dijera que me volví una niña tímida y reservada, porque casi todas las veces que me castigaban o me llamaban la atención, era por hablar. Pero aún hoy, en situaciones de barullo social, en las que toca hablar por hablar con personas que apenas conozco, me siento temerosa de resultar repipi en mi lenguaje, lo cual me lleva a interactuar menos de lo que me gustaría o a impostar un poco mi discurso, no vaya a ser que alguien me rechace por “hablar como una persona mayor”.  

Y ha tenido que llegar este texto para darme una respuesta, pero sobre todo, la aceptación y el orgullo de ser como soy.

Hablo como una persona mayor, desde niña, porque me gusta escribir y para escribir hay que conocer y saber usar las palabras, y para conocer y saber usar las palabras hay que leer.

Hablo como una persona mayor, desde niña, porque, de no haberlo hecho, me habría convertido en una persona menor. 

Os dejo el texto de Charles Warnke. Algunos, seguro que ya lo conocéis. A los que no, yo creo que os gustará:  Sal con una chica que no lee